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martes, 31 de marzo de 2015

Aseo en cama ¿con o sin enfermera?

Imagen: Camas de hospital
Fuente: Pixabai.com


Ana es Auxiliar de Clínica (ahora la titulación es TCAE Técnico en Cuidados de Enfermería). Está hasta arriba de trabajo cuando empieza el aseo de Doña María. Va con Roberto, el celador, porque María no se puede mover. Ni siquiera colabora. Llevan todo lo necesario en el carro para que el procedimiento dure lo menos posible. En la habitación está la hija de la paciente.

     .- Buenos días, vamos a hacerle el aseo a María y a cambiarle la cama. Salgan, por favor.
Todos los acompañantes salen sin discutir. Se queda la paciente de la cama de al lado. Ana echa la cortina.

     .- Buenos días María! Soy Ana, le voy a lavar y a cambiar la cama.
María no parece darse cuenta, ni siquiera contesta. Tiene Alzheimer en estado avanzado. Hace meses que no habla. Ni siquiera se mueve.
Ana comienza la rutina:

  1. Abre el grifo del agua caliente, para que vaya cogiendo temperatura.
  2. Libera la mesilla de cosas para poder colocar la palangana.
  3. Coloca a los pies de la cama sábanas, toalla y camisón.
  4. Trae la palangana con agua caliente, la toalla de María y su neceser.
  5. Comienza el aseo por la cara. Los ojos, la boca, las orejas y el cuello.
  6. Continúa por las manos, los brazos, los hombros, las axilas y el pecho.
  7. Los pies, las piernas, y por último los genitales, que seca con el camisón sucio para poder usar la toalla en la espalda.


Ana es una profesional experimentada. La paciente se deja hacer. No parece enterarse, pero Ana le advierte con voz dulce de todo lo que va haciendo. Primero jabona, luego aclara, luego seca, para acabar hidratando con crema que tiene la paciente. Parte a parte, zona a zona, descubriendo pequeñas extensiones de piel, evitando que María se quede fría.
Lo último es la espalda. Ayudada por Roberto, que sujeta a María, Ana limpia con suavidad de arriba a abajo. Siempre el mismo proceso. Advierte!, jabona!, aclara!, seca! e hidrata!.
Por último, tras hacer la cama con ella dentro, la acomoda
  Se ha fijado, durante todo el procedimiento, en el estado de piel de María. No tiene lesiones ni escaras, pero controla con precisión experimentada aquellas zonas enrojecidas o lesionadas, por leves que sean, para luego dar parte a la enfermera.
Y así continua durante la mañana, con todos y cada uno de los pacientes que precisan aseo en cama, y con los que se maneja de perillas sólo con la ayuda de un celador.

**********

Rosa, también es Auxiliar de Enfermería. Ella trabaja en la UCI. Lleva muchos años y tiene una reputación profesional impecable. Allí, no se hace un aseo encamado sin que asista la enfermera. A veces, incluso más de una enfermera.

**********
Entonces 
¿Por qué unas veces el aseo de encamados lo hace la enfermera y otras no? 
Evidentemente, dependerá del estado del paciente, de la complejidad del acto y de la decisión de la enfermera responsable.


Es competencia de la enfermera valorar las necesidades del paciente y planificar sus cuidados. Y en base a su criterio, distribuir los recursos, materiales y humanos. Cualquier profesional implicado: TCAE o celador, o quien cause daño, responderán a la consecuencia de sus actos si hubiera algún incidente o efecto adverso, y como responsable, aunque no asista, también deberá responder la enfermera. Se delegan tareas, no responsabilidades.
Por tanto, en un encamado, es enfermería, responsable de decidir quién  está presente, cómo se hace...

Funciones de enfermería Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias. Artículo 7. Diplomados sanitarios https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2003-21340


Funciones de enfermería y perfil competencial. Os invito a ojear este documento, a mi juicio muy bien elaborado, por la Junta de Andalucía http://www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdeempleo/web/websae/export/sites/sae/es/empleo/buscarTrabajo/eligeProfesion/galeriaPDFs/Detalle/003018Enfermero.pdf


¿Te interesa un protocolo de higiene del paciente encamado?
Técnica de aseo del paciente encamado Universidad de Loja (Granada) http://dspace.unl.edu.ec/jspui/handle/123456789/6490


Es clave ver las funciones del Auxiliar de enfermería, ahora TCAE:
Y a este respecto, dice la ley que
Las funciones del Auxiliar de Enfermería vienen recogidas en los artículos 74 al 84, con las prohibiciones referidas en el artículo 85, del Estatuto de Personal Sanitario No Facultativo de la Seguridad Social. Dicho estatuto se plasmó en una Orden del Ministerio de Trabajo de 26 de Abril de 1973 (publicado en el B.O.E. del 28 y 30 de Abril de 1973). Aunque se ha promulgado el nuevo Estatuto Marco que afecta a todo el personal estatutario del Sistema Nacional de Salud (Ley 55/2003, de 16 de diciembre) y deroga los tres estatutos vigentes hasta la fecha, las funciones recogidas en el antiguo Estatuto continúan siendo válidos (según la Disposición Transitoria Sexta de la Ley 55/2003).






domingo, 15 de febrero de 2015

La cara B del turno de noche


Llego a la planta a las 9:45, pero la enfermera que está de tarde saldrá “tarde”, porque tengo que coger el cambio de todos los pacientes.
      Esta noche estaré sola con Sandra, mi compañera auxiliar (TCAE).
    Normalmente somos dos enfermeras de noche, pero Ana ha llamado para avisar que no podía venir. Ya se lo habían comunicado a la supervisora antes de que yo llegara. Aún así, yo también he llamado para recordárselo. He pedido refuerzo, pero me han dicho, que no han encontrado a nadie y que el hospital está muy justo de plantilla, así que, no pueden ni reforzar unas horas. Que hagamos lo que podamos. Eso nos han dicho. ¡¡¡Estamos solas!!!.
     Para más “coincidencias”, esta temporada hay “andancio de gastroenteritis”. Casi la mitad de la planta ha ingresado por ese motivo o padece este síntoma. Y son pacientes mayores. Necesitan más cuidados porque son más dependientes.

     Resultado:
.- Atender dos veces más pacientes de lo habitual, medicaciones, constantes, analíticas, ingresos, etc…
.- Llamar mil veces al celador (que ha venido las dos estipuladas más una por cansinas, porque debe ser cierto lo de que la plantilla está muy ajustada y los pobres han tenido también muy mala noche)
.- Nos hemos pasado el turno cambiando pañales, cambiando camas, poniendo y quitando cuñas…(incluso hemos tenido que acudir a una planta “amiga” porque se nos acabaron las sábanas)


    ¡¡Por fin!!!!, son las 7:30 de la mañana… por fin!!!, sí!!!, y en algún momento, pensamos que no llegaría nunca. 
Ambas podemos decir “No siento las piernas”, “No siento los brazos” o “Qué pena no habernos kilometrado”.

     Sólo queda escribir el evolutivo y esperar al cambio.

     Estoy sentada en el control, concentrada en hacer un balance final sin olvidar registrar todo lo hecho, cuando mi compañera TCAE termina de colocar el carro de la ropa y cae derrotada sobre el sillón. 
Y en ese momento, exclama:

   .- Si tuviera que identificar a los pacientes de la planta por sus caras, lo tendría difícil, pero si me enseñan sus posaderas…. soy capaz de reconocerlos ¡¡¡¡a todos!!!!.

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿Qué he hecho para merecer esto?

Advertencia:
“Esta historia está basada en hechos reales, pero con grandes dosis de interpretación personal. 
Podría ser que cualquier parecido con la realidad, fuera mera coincidencia”.


Hace unos días salió una noticia en prensa. Hablaba de otro continente y de un voluntario que cuidaba enfermos infectados con un virus mortal. El hombre se había contagiado y urgía tratarle. Las autoridades decidieron trasladarlo a su país, concretamente,  al hospital donde yo trabajo.

Se pidió personal voluntario para atenderle. Muy pocos nos ofrecimos. Nos dieron formación intensiva y breve, a marchas forzadas, sobre la enfermedad, el virus, el protocolo oficial y los equipos de protección personal. Hubo mucho de autodidacta en esa formación. Estábamos aterrados. Podías contagiarte, contagiar a otros, a la familia... Sabíamos que era una enfermedad mortal, muy contagiosa, sin cura. El paciente venía para un tratamiento experimental.
A pesar de nuestros cuidados y de nuestro trabajo, nuestra lucha a su lado y nuestra dedicación, el cooperante murió. Sus últimos momentos fueron los más duros. Justo cuando la enfermedad era más contagiosa.
Unos días más tarde, comencé con fiebre. Fui a notificarlo, pero me tranquilizaron porque no era elevada. Sin embargo, rápidamente, mi estado empeoró, cada vez me sentía más débil, más cansada, más enferma, menos dueña de mí y de mi cabeza. Horrorizada, recordaba que había estado con el voluntario enfermo.
De repente, todo se precipitó. Ambulancia, Hospital. Me aislaron en una cabina. Nadie quería tocarme salvo con los equipos de protección y triple guante. Dejé de ver caras, gestos, de oír voces nítidas, nadie volvió a tocarme a piel descubierta. A partir de entonces, todo a través de filtros; mascarillas, gafas de protección, gorros, guantes…
Tardaron un poco en confirmarme el diagnóstico. Confieso que lo sospeché. Estaba aterrada y me preocupaba mucho mi familia. Me aislaron en una habitación y dejé de tener contacto directo con el mundo. Gracias al móvil pude hablar con los míos. Eso me hacía mucho bien. Pero también recibía llamadas. A veces no sabía bien con quien hablaba. Me preguntaban sobre lo que había dicho o hecho los últimos días, con quién había estado, a quién había tocado, dónde fui cuando empecé a enfermar... No me encontraba bien. Trataba de obedecer, contestar con sinceridad... A veces las ideas iban y venían y me sentía confusa. Empecé a dudar sobre lo que había hecho o dicho, con quién había estado o lo que había pasado. Me preocupaban mis compañeros. Esos que entraban en la habitación forrados con un traje espacial en el que yo sabía que sudaban a mares y les impedía moverse con libertad. Procuraba animarles y les insistía en que no hacía falta que entraran con tanta frecuencia. A pesar de encontrarme fatal, prefería valerme por mí misma y minimizar su riesgo al máximo.
Contribuí con mi trabajo y dedicación, al cuidado de un paciente terminal infectado por un virus mortal. Lo hice voluntariamente y, de repente, yo era una mentirosa, una inepta. Había puesto en riesgo a gente inocente. Voluntariamente me jugué mi vida, la de mi familia y la de todo aquel que se pusiera cerca por atender a un ser humano. A cambio, se olvidaron de que era profesional sanitario y pasé a que se me acusara de asesina.
Nunca planeé hacerme famosa por un motivo como este. No estaba en mis planes ni lo deseé en mis peores pesadillas.
En este tiempo ha habido seres humanos que me han crucificado. Es  normal. Son personas ignorantes y temerosas. El miedo y la ignorancia buscan culpabilizar.
Ha habido personas sin escrúpulos que han trabajado muy duro por conseguir una foto mía en las peores circunstancias, incluso una declaración en la que me autoinculpara, cualquier dato morboso por hacerse famosos o ganar audiencia. A estos podría aconsejarles que se presentaran voluntarios para autoinfectarse y gestionar su propia enfermedad.

Pero también sé que ha habido personas inteligentes y solidarias que siempre estuvieron de mi lado. Que no me juzgaron sin pruebas, que las buscaron y me defendieron a capa y espada sin miedo. Personas que buscaron soluciones sin quedarse en crucificar culpables. Gracias a esas personas, sé que puedo seguir confiando en la humanidad.

Ponte en contacto conmigo aquí!

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