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domingo, 8 de diciembre de 2019

Llega el invierno


         Esta mañana la anciana se ha levantado mal. Apenas ha dormido. Respira con dificultad. El cansancio hace mella en ella. No se recupera como antaño.
   .- Ay, Ay, qué mala estoy, qué mal me siento, creo que me voy a morir,...- se queja.
   .- ¿Qué sucede mamá?.- le pregunto .- ¿Qué te pasa? ¿Qué notas?
   .- Que estoy muy mala, he dormido muy mal. Creo que me voy a morir.
      Le toco la frente. Está caliente. Le pongo el termómetro: 38º. Le oigo respirar con dificultad. Tiene la nariz tapada. Le mando a la ducha caliente. Preparo el baño con bien de vaho y le doy un analgésico antitérmico.
   .- Dúchate, mamá y te llevo al médico.-
   .- Mejor haría viniendo a verme, que estoy muy mala.-
   .- Dúchate mamá, a ver si te despejas, y luego vemos.
   .- Sí, si ya te conozco, que no quieres hacerme caso. Un día me voy a morir y no te vas a dar ni cuenta.
      Tras la ducha se le oye algo más despejada al respirar. El antitérmico va haciendo efecto. Vuelvo a animarle para ir a urgencias del Centro de Salud. Hoy es fiesta y no hay médico de cabecera.
   .- No me apetece salir, hijo. Ten compasión, que estoy muy mala.
   .- Vamos mamá, que te acerco en coche. Verás cómo te despejas. Si estás muy mal, nos sentamos allí un ratito hasta que te atiendan. Si te apetece damos un paseo, si no, de verdad que no te muevo. Enseguida estamos de vuelta. 
   .- Desde luego, cómo eres hijo. Pago mis impuestos, bien estaría que el médico viniera a visitarme, con todos los años que llevo cotizados y todos los que pagó impuestos tu padre.
   .- Vamos mamá, haz un esfuerzo, que te irá bien.
      Por fin arrancamos. En urgencias hay cola, pero mi madre está un poco mejor. Le toco la frente y parece normal. El frescor de la mañana le ha sentado bien.
   .-¿Damos un paseito por el pasillo? ¿Qué te parece? 
   .- Vamos.- acepta.
      El tiempo se alarga y se me van acabando los temas de conversación para entretenerla. No quiero que se altere y empiece a mostrarse reivindicativa. Por fin nos toca.
      La doctora nos hace las preguntas de rigor, le ausculta, le toma la tensión, le mira la garganta y los oídos, escribe el informe, emite un veredicto y nos manda para casa con el tratamiento antibiótico. Pasamos por la farmacia antes de regresar a casa. Mi madre ya apenas habla. Se le ve cansada.
      El resto del día pasa tranquilo y sin incidencias. Llega la cena. Segunda dosis de antibiótico y veo que me lo deja sobre la mesa.
   .- Mamá, ¿se te ha olvidado tomar la pastilla que te ha mandado el médico?
   .- Ya estoy mejor. He decidido no tomarlo porque me da sueño.

Y en los hospitales, a las enfermeras ¿les pasa lo mismo?

domingo, 24 de noviembre de 2019

Enfermera de noche tráfico de pastillas


      
     
Soy enfermera, trabajo en turno de noche y en el hospital no hay servicio de farmacia  por la noche. En días laborables, desde las 8 (20:00h) ,en festivos y domingos, desde las tres (15:00h).

     Todas las noches hay ingresos, salvo muy raras excepciones (por ejemplo, si la planta está llena no hay camas libres).

     Muy pocos pacientes se traen sus tratamientos de casa, no han previsto ingresar, o no han pensado que puedan necesitar sus pastillas habituales.
      Llegan a planta con el tratamiento prescrito por el médico de urgencias. Normalmente, lo que toman en casa más lo que necesiten dependiendo del diagnóstico. Si es oral, comienzan los problemas, porque en las plantas no hay de todo. Sobre las 2 o las 3 de la mañana, es la hora del tráfico de pastillas.

Francisco ingresa a la 1 de la mañana. Toma desde hace varios meses vandral para la depresión y dice que es lo único que le ha funcionado. También toma un antidiabético oral, medicación para el colesterol y un protector gástrico. Pero sobre todo, lo más importante, me insiste Francisco, es lo que toma para dormir. Señorita, me dice, es que si no lo tomo, no duermo.
.- Tranquilo, Francisco, le digo, que yo me ocupo.
Me hago una lista de pastillas que me faltan y llamo a un compañero de la planta superior. Cuando contesta ya sabe de qué va el asunto y tiene preparada su lista. Le enumero mis necesidades
.- Buenas noches! Hoy necesito: vandral retard de 150 mgr, lorazepán de 1 milígramo,  atorvastatina 40, pantoprazol de 20 ....
.- Buenas noches.-  me responde. - Puedo darte lorazepam, pantoprazol y atorvastatina. Creo que en la novena la compañera tiene vandral. Prueba en la séptima el resto, que también negocian. Yo necesito ciprexa, noctamid, enalapril y tranxilium. 

     Si la necesidad es vital, por supuesto, llamamos a la supervisora, que avisa a seguridad, abren juntos la farmacia y cogen lo que necesitan firmando y registrando no se cuántos documentos (o eso nos han contado). Tardan, pero te lo traen. Si no es vital, te dicen que intentes arreglarte por ahí. Y eso hemos hecho, buscar la manera de arreglarnos y que el paciente no pague la carencia.

      Y así vamos, con ooooooootra labor nocturna que te entretiene. Oooooooootra tarea ineficiente. Ahorramos en personal de farmacia, y las enfermeras aprovechamos el tiempo que no tenemos, en ir de aquí para allá buscando la manera de garantizar al paciente el tratamiento prescrito. O eso, o mareamos a la "super" toda la noche, que no creo que se vaya a dejar.

Pd: no se lo digáis a nadie, pero las pastillas con las que traficamos, son las que dejan los pacientes que se van de alta y han mandado de farmacia porque creían que se quedaban un día más. Nosotras las guardamos en una cajita  que luego escondemos convenientemente, porque la "super" de la planta la tira o la devuelve a Farmacia, que dice que está prohibido tenerla en la planta. Pero de esto, ni palabra, que se nos cae el pelo. sssssshhhhh.


sábado, 16 de noviembre de 2019

El Chat del curro

          Se le ha ocurrido a mi supervisora que crear un grupo de Whatsapp de la unidad nos va a venir de lujo para estar comunicadas.
   No nos pide autorización expresa, apareces incluida y ya está, todas comunicadas.
    Desde entonces, las conversaciones son para analizarlas.
      Empezamos haciendo cambios de turno entre nosotras. Pero acabó opinando la supervisora y denegando antes de que lo lleváramos a cabo. En cuanto nos dimos cuenta, volvimos al whatsapp privado y al papelito convencional. Se acabaron los problemas.
     Cogimos confianza y el chat sirvió para preguntar por las responsables de "ciertos olvidos", degenerando en poco tiempo en un.... "vamos a sacar defectos tralará..." o "soy la que más curra porque el resto pasa". Más o menos tipo....
...¡Buenas noches, acabo de llegar a mi turno y el paciente de la 18A tiene una flebitis de caballo y la vía no le va desde hace horas.....que podíais haber cambiado la vía, a quien le correspondiera...!
...¡Que digo que .... el de la 29B no tenía pasado el tratamiento...y no parece que hubiera mucho lío esta mañana, para quien le tocara !
...¡Que el de la 16C tiene oxígeno puesto y se le quitaron hace dos días, las unas por las otras, a ver... ¿Qué ha pasado? etc...
      O surge una incidencia en fin de semana y en el grupo la "super" nos lanza un aviso tipo dardo personalizado:
...Chicas, que Zutanita se ha puesto mala y no puede venir mañana domingo, a ver quién puede hacer el turno....
_____silencio total______
....¡Fulanita, la del refuerzo, que mañana vengas de mañana que te toca... 
    Así que... ni un Zutanita, que te mejores! ni un gracias a Fulanita, que es la que se va a quedar sin descanso de fin de semana, no sea que hablemos y la "super" nos haga ir a nosotras.
      Hay veces que una compañera valiente comparte algún cartel reivindicativo, que si es de enfermería o de sanidad, ni tan mal. Entonces la "super" hace algún comentario tipo... tenemos lo que nos merecemos o es que no nos tomamos en serio el trabajo.... y consigue hacerte reflexionar y preguntarte  ¿pero este comentario a qué viene? Si desde que llego al curro hasta que salgo ni a un café ni a un saludo me da tiempo, si es que vuelvo a casa fundida, cómo me voy a tomar en serio nada y ¿a qué se refiere con que nos lo merecemos? pero no te atreves a escribirlo porque la preparas. 
      Peor aún si son chascarrillos políticos o chistes malos lo que circula en el chat. La cosa puede liarse y estar hasta las tantas de discusión activa. Que si "ni te va ni te viene", pasas, pero es que cuando vuelves a mirar el mensaje son doscientos y pico los que tienes que leer si quieres ponerte al día. 
    ¿Que pase de leerlos? 
   De eso ni hablar, porque entre los cientos o trescientos, igual han quedado para hacer un pedido de colonias y maquillajes por internet. Que salen más baratos los pedidos conjuntos y me quedo sin ello.

      A ver, que también pasamos información profesional. Compartimos cursos online gratuitos, un congreso, unas jornadas, notas de prensa o boletines con información sobre carrera profesional, bolsa de empleo, etc... de sindicatos o boletines oficiales, que nos da lo mismo. Con lo fácil que es hacer una foto y pasarla. Nos hemos vuelto muy tecnológicas para depende qué cosas. 

    El caso es que somos muchas, y cualquier movimiento, genera muchas respuestas (salvo las propuestas de la "super" de sustituir a alguien o ir a reforzar en fin de semana o festivo y en tu día de descanso, que podían contratar, que en bolsa siempre hay gente en paro)
      Reconozco que incluso preguntamos por cotilleos, las más osadas, tipo... dicen que la "super" de la sexta lo deja, ¿sabéis algo? y ¿a quién van a poner? 

Total, que cada vez que se mueve ese chat, todas temblamos. Y que desde que la "super" lo creó, la comunicación entre nosotras es más y mejor, que es muy divertido comentar lo que se dice en el chat del trabajo. 

Conclusión, yo que nunca fui de leer demasiado, ahora no me parece tanto ni "El Quijote" de Cervantes, ni "Los Miserables" de Victor Hugo ni "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust. Y que como me desconecte del teléfono, no me da la vida para ponerme al día con tanto mensaje en tanto chat. 
Y luego dicen que no hay que hacer caso al teléfono!
!Pues se me acumula la faena! 



jueves, 31 de octubre de 2019

La URPA desde la cama

     
Soy enfermera y ayer me operaron. Era una intervención fácil, sin importancia, pero tuve que pasar más de medio día en el hospital y la anestesia fue raquídea (un pinchazo en la columna y dormida de cintura para abajo).
      Todos los sanitarios deberíamos pasar por el papel de paciente de vez en cuando. Lo que se ve y se oye desde la cama, no es lo que esperamos.

      Llegué a las 8 de la mañana tal y como me ordenaron (cuando quiero, puedo ser una paciente ejemplar 😃). Me recibió una TCAE (auxiliar) que me reconoció del gremio y empezaron a tratarme con mimo.
     Ingresé en la URPA (Unidad de Recuperación PostAnestésica) aunque mi intervención era de CMA (Cirugía Mayor Ambulatoria que significa que llegas, te operan, te recuperas enseguida y te vas a tu casa antes que acabe el día).
      El camisón que me entregaron era transparente y abierto por detrás, el tejido pasado, tan fino que parecía que se iba a desintegrar de un momento a otro. Los velcros descosidos molestaban  y eran totalmente inútiles. ¿Por favor! ¡¡Hace falta tirar ropa vieja y comprar camisones nuevos ya!!.
     La angustia de estar entre extraños y sin hacer nada hasta que te llega el turno. El coco da para imaginar muchas cosas. En mi caso, la ventaja de que la enfermera que se hizo cargo de mi, se portó como un auténtico ángel (cariñosa, educada, atenta y sobre todo, muy profesional).
     Fui operada y pasé cinco largas horas en aquella sala de reanimación esperando a cumplir los criterios de alta: hacer pipí, tolerar alimento y sostenerme en pie, a(demás de no dolor, no sangrado, etc...pero esto último las enfermeras lo llevan a rajatabla, los tres primeros dependen más de nosotr@s los pacientes)
      Durante esas 5 horas apenas dormí.

      La URPA es una sala donde conviven hasta 12 pacientes encamados en dos hileras enfrentadas y 4 sillones laterales al fondo (un poco más apartaditos).
      Las enfermeras y los profesionales sanitarios van y vienen por la sala. Tienen mesas con los papeles de cada paciente a pie de cada cama y en el centro de la sala, donde están los teléfonos y ordenadores. 
     Es inevitable oir todo lo que allí se habla. Aunque no quieras. Incluso las conversaciones telefónicas. 
      Te enteras de las incidencias que tiene el paciente de al lado e incluso el de la otra esquina. Asistes como espectador privilegiado si suena una alarma y se desencadena alguna situación de riesgo o si entre profesionales hay algún conflicto.

      Uno está en la cama solo, aburrido, tratando de dormir, intentando abstraerse de todo, pero es imposible no ver ni oir. Somos curiosos por naturaleza y nuestro cerebro se empeña en enterarse de todo lo que sucede alrededor.
      Como profesionales no somos conscientes de lo atentos que pueden estar los pacientes, de lo presentes que están.

      Pues bien, esto fue lo que yo viví o mi mente interpretó.

   En toda la mañana las enfermeras no pararon. Por allí desfilaron hasta 20 pacientes de diversa gravedad y con muy diferentes necesidades. Todo el mundo estuvo muy ocupado y la sensación era de profesionales que sabían muy bien lo que hacían.
         Hubo un paciente cuyo monitor avisaba de peligro y al que rápidamente y todos a una lograron estabilizar. 
       Por allí pasó una niña terriblemente asustada a la que intentaron calmar y entretener con muy poco éxito y que nos amenizó durante más de media hora con fuertes alaridos y llantos (recién operada de la garganta)
        Fui testigo de una escena que protagonizó una enfermera indignada porque le habían notificado un cambio de turno. Voces, llanto y reproches en alto. Todo incluido.
 Escuché varios comentarios insistentes, ofensivos y duramente críticos referidos al supervisor del servicio (que resulta que lleva muy pocos meses) por parte de otra enfermera. En alto cuestionaba su autoridad y le acusaba de no pasar por allí, (aunque yo misma le vi entrar durante la mañana al menos en 5 ocasiones a hacer algo).
     Amenizó la mañana una anestesista enfadada con la vida que no conocía más forma de relacionarse con los demás que el tono de desafío y desconfianza. Y que, cada vez que aparecía, lograba que la tensión se cortara con un cuchillo.
      Como yo estaba infiltrada como paciente, mis vecinas de cama comentaban conmigo estas cosillas. Con algunos comentarios, comprobé que veían lo mismo que yo. Confieso que por ello, pasé vergüenza.

     En fin. pequeños detalles que ensombrecieron el enorme esfuerzo que estos profesionales hacen para poder mantener unos niveles de atención de calidad a pesar de una sobrecarga laboral evidente. Detalles que deberían cuidar por el terrible daño que luego hacen a su imagen social y de la  que luego nos quejamos porque consideramos injusta.
¡Porque luego te enteras de que los pacientes te oían y te veían cuando te cuentan la historia en la peluquería o en el supermercado!.

Y hasta aquí lo que contaría a todo el mundo. 

Ahora, me dirijo a l@s enfermer@s porque soy una de ellas y seguro que alguna vez he caído en el mismo error.
¿Por qué nos atacamos un@s a otr@s? 
¿Por qué ese afán de cortar la cabeza del que tiene ambición, ilusión, ganas  y sobresale? 
¿Por qué malgastamos el tiempo en criticarnos entre nosotr@s? 
¿Por qué nos cuesta tanto apoyarnos un@s a otr@s?

Nos preocupamos de dar la mejor atención. 
¿por qué no cuidamos también la imagen?

Somos los profesionales más numerosos
Podríamos mejorarlo todo
Si nos uniéramos
Si nos sintiéramos orgullosos de lo que somos....
Si nos ayudáramos entre nosotros .....
¡¡¡¡SERÍAMOS PODEROS@S!!!
¿Y POR QUÉ NO?




sábado, 4 de agosto de 2018

Ser bella

Hay que ser bella pero ¿qué es ser bella?
Por cada individuo preguntado obtendrás una opinión distinta. Todos dirán cosas parecidas pero cada uno tiene en realidad, una opinión diferente.
Entonces, ¿cómo puedo ser bella?
Debes serlo según tu propio criterio. 
Te dirán ¡Sé tú misma! y ¿cuál es el significado de ser una misma?
Obsérvate en el espejo. ¿Qué te gusta de ti? ¿Cómo quieres ser? Olvida por un momento a los demás para contestarte a esas preguntas. 
Será un camino difícil y tienes que estar segura de querer recorrerlo. Si tomas la decisión, debes estar convencida y llegar al final. Recorrer solo un tramo desgasta y se pierde lo trabajado si no se completa. Sí, es cierto, en el camino aprenderás muchas cosas. Aunque no llegues al final, ganarás experiencia. Pero el premio, lo mejor, está cuando completas y alcanzas tu objetivo.
Y ¿cuál es el objetivo? El final. Las ganas de autofelicitarte por haber llegado. Sentirte bien contigo misma sin que te importe la opinión de los demás. 
Habrá siempre a quien gustes y a quien no. Quien te alabe y quien te critique... Pero si tu te aprecias, te quieres, te gustas, estás cómoda y satisfecha contigo... serás feliz.

La persona que queremos ser 
es más importante 
que las cosas que creemos que queremos conseguir.

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