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domingo, 31 de agosto de 2014

A ti ¿De qué te operan, maja?


Hoy es el día que tengo que ingresar en el hospital. Me operan de anginas. Ya me han dicho que es una intervención de poco riesgo. Me han dado muchos ánimos y debería estar tranquila, pero los hospitales me ponen nerviosa, no puedo evitarlo.
Es verano, debería estar en la piscina, pero la intervención es necesaria y la lista de espera me obliga a realizarla cuando me llaman. O sea, hoy.
He tenido que ingresar en la planta de ginecología, porque los recortes y la planificación en período estival, dicen, obliga al Centro sanitario a optimizar recursos cerrando unas salas y reubicando pacientes en otras. Esta frase me ha quedado de lujo, aunque no acabo de comprenderla del todo. En fin.

Una enfermera muy amable me toma los datos. Me pregunta algunas cosas y me acompaña a la habitación. Es una habitación doble y en este momento estoy sola. Supongo que no durará mucho y que enseguida tendré compañera. No me estresa demasiado, me han dicho que estaré poco tiempo.
Estoy metiendo en el armarito cuatro cosillas que me he traído cuando entra, sin llamar, una ¿enfermera?. No se presenta y no puedo ver si tiene algún distintivo.
.- Hola maja. Aquí tienes, un camisón, la toalla y un vaso. Toma, las compresas. Te vas poniendo el camisón.-  Y sale sin darme tiempo a responder.

Lo primero que pienso es ¿las compresas para qué? ¿quizá son un regalo? ¿un detalle del hospital para los nuevos ingresos? Qué poco apropiado me parece, pero…
Obediente, me pongo el camisón. Pero me preocupa lo de las compresas. Ojalá no se me olvide preguntarle, aunque me da un poco de vergüenza.
Me tumbo en la cama con mi novela. Lo de las compresas no se me va de la cabeza.

Al rato entra de nuevo la “profesional”, me armo de valor y se lo comento.

.- Disculpa ¿para qué son las compresas? A mi me van a operar de anginas.

Me mira sorprendida, como si no me creyera o pensara que estoy un poco loca.

.- Espera un momento, voy a comprobarlo.- y sale de la habitación.

Ahora sí que me ha asustado. Que espere a que compruebe ¿qué? Yo estoy segura de que vengo a operarme de anginas. A ver si ahora me operan de otra cosa quiera o no quiera.

Al rato vuelve. Agarra las compresas mientras se justifica:

.- Perdona ¿eh? que me he equivocado. Creí que lo tuyo era un legrado.- Y sale de la habitación como alma que lleva el diablo.
Me invadió un terrible miedo, inseguridad, una sensación de mal augurio. Ganas me dieron de salir tras ella. ¿Cómo no voy a tener razón?
Menos mal que, al poco, entró la primera enfermera, la que me recibió. Con voz dulce y mucho tacto, me demostró que sabía lo que hacían y que se ocuparía de que todo saliera bien. También protegió la identidad de su compañera y trató de atenuar el error.

Por fin, me bajaron al quirófano. Allí todos los profesionales se mostraron muy cariñosos y atentos. Yo estaba preocupada, pero me tranquilizaron. Me aseguraron que me operarían de las amígdalas y de nada más.

Aún así, cuando desperté de la anestesia comprobé que no llevaba compresa y que, efectivamente, lo que me dolía era la garganta.


viernes, 15 de agosto de 2014

Cuidar sin odiar, a veces tan difícil

http://recursostic.educacion.es/bancoimagenes/web/
Ilustración
Margarita Irene Marín

Ha ingresado un nuevo paciente en el módulo de custodia. Viendo quién le va a llevar, uno ya presupone la patología y algunos datos que conviene saber: Sida, hepatitis… Aún así, entro a saludar y hacer una primera valoración con la mejor disposición y prejuicio cero. El paciente me recibe con actitud soberbia. Me insulta nada más entrar (a mi y a todo pariente que presupone relacionado conmigo). Se queja por todo y por todos. Intento no juzgar y adopto una postura lo más profesional posible.
  .- Buenos días Charly. Soy Meli, tu enfermera hoy por la mañana. Te traigo un pijama y una toalla. Quisiera hacerte unas preguntas para una primera valoración, si no tienes inconveniente.
  .- Y tú a qué ostias vienes? Vaya puta mierda hospital, ni una puta tele, no sé para qué ostias me traen a esta mierda centro. ¿Qué dices que eres? ¿Mi qué? Lo que yo te diga, vas a hacer por mi…¿por qué no me la chupas?
Así estamos unos minutos, en los que mantengo el tipo con un valor que no tengo y le pido educadamente que me tenga un respeto porque no tengo más intención que la de cumplir con mi trabajo, que de ninguna manera será ir en contra de su salud o bienestar.

En los breves minutos que dura la entrevista, no me da un solo dato que no sea rabia, ira, agresividad, falta de colaboración. Sin embargo, obtengo otros muchos de la simple observación. Casi no se tiene en pie. Está débil y en mal estado general. Delgadez extrema, palidez generalizada, deshidratado. Es difícil concentrarse en la labor profesional cuando te agreden verbalmente con tanta rabia. Es difícil perdonar e intentar comprender al otro, cuando te maltrata sin haber existido provocación.

Cuando salgo de la habitación, los guardias me cuentan que tiene varias condenas por asesinato. Trato de no escucharles, porque no quiero cargar más las tintas en contra de alguien que va a ser mi paciente. Pero es difícil. En las largas jornadas que voy a tener que atenderle, será difícil hacer oídos sordos a sórdidas historias que indican que se trata de una mala persona.
Desde entonces… Cada vez que hemos colocado una vía venosa, (con enorme dificultad, por su adicción a las drogas vía parenteral), Charly se la ha arrancado. La mayor parte de las veces, delante de nosotras, justo antes de administrarle un medicamento, mientras sonreía sabiendo que nos sería casi imposible volver a canalizar otra vía. Se arranca la sonda, destroza todo lo que pilla y sus fuerzas le permiten.
Pero cuando le visita su médico, Charly cambia. Es más educado, aunque no aparca esa fiera soberbia y ese odio por el mundo. Niega todo lo que nosotras contamos. Se muestra más sumiso y obediente. Se queja de que le odiamos y le abandonamos a su suerte durante todo el día.
Insistimos con su médico que necesita ayuda psiquiátrica. Le contamos las incidencias, lo difícil que es atenderle… pero...

Hoy estoy cansada de sus reproches, sus insultos, sus juegos de provocación. Ha vuelto a arrancarse la vía, que tanto me costó canalizarle en un pie. Lo ha hecho delante de mí, provocándome y no he podido resistirme.
  .- Pero, ¿A ti qué coño te pasa? ¿Qué te hemos hecho? ¿Estás cabreado con el mundo y tienes que pagarlo con nosotras? ¿Pero no vés que te mueres y queremos ayudarte? ¿Por qué te empeñas en morirte dejando que te odien todos los que te conozcan?
  .- Anda y vete a la mierda, zorra!

Esa noche, hizo sus necesidades en la cama. Luego se dedicó a extenderlas por toda la habitación. Cuando llegué por la mañana, las compañeras me dijeron que se negaba a lavarse y que no les había dejado limpiar nada. Entrar por la mañana, fue una horrorosa aventura. Presa de las arcadas, hice caso omiso a sus quejas y a su negativa a ducharse. Le lavamos por la fuerza y recogimos toda la habitación. Desde ese momento, su estado fue empeorando muy rápido. Aún así,  continuó dirigiendo su ira y su agresividad contra nosotros.

Hoy ha fallecido. En todo momento he tratado de comportarme con profesionalidad. Tengo la conciencia tranquila en cuanto a eso. No quiero alegrarme de habernos librado de semejante persona, pero no puedo evitar sentirme aliviada.



jueves, 31 de julio de 2014

Tú al quirófano, que de tus pacientes me ocupo yo

Ana trabaja en Reanimación desde hace año y medio. Sus inicios fueron duros. Reanimación está incluido en el servicio de anestesia y colabora codo con codo con el quirófano, así que Ana tuvo que aprender de todo. Fueron unos meses iniciales de mucho estrés, de estar al 100%, de miedo por no estar a la altura de las incidencias. Los pacientes están inestables y es fácil que te den una sorpresa desagradable. Hay que saber anteponerse a las circunstancias. Aprender a interpretar gestos, color de piel, respiración, drenajes… antes de que suene la alarma de la máquina y pueda ser más complicado resolver el asunto.
Aquel día estaba de noche y tenía tres pacientes en la sala. Dos de cirugía mayor, que debían quedarse 24 horas y una de trauma, que recibiría el alta y subiría a planta en cuanto despertara lo suficiente y todo estuviera correcto.
Eran, más o menos, las dos de la mañana y tenía todo controlado. Estaba relativamente tranquila. Como siempre, me acompaña una auxiliar de enfermería (TCAE).
Sabía por mis compañeras de quirófano, que hacía una hora estaban haciendo una intervención de urgencia. Cirugía abdominal. Complicada. El paciente pasaría a mi unidad si todo iba según lo previsto. Si se complicaba, también habían alertado a la UCI.
En el quirófano hay de urgencia dos enfermeras y una auxiliar. Suficiente para atender cualquier urgencia quirúrgica que surja. Pero a veces, hay imprevistos. Y ese día sucedió.
Una mujer en pleno proceso de parto con una complicación, requiere cesárea urgente. No puede posponerse. El equipo de enfermería de quirófano está ocupado. Hay que desdoblar. Avisan a la supervisora de guardia, que acude inmediatamente.
En estos casos, se busca una enfermera más y se doblan los quirófanos. Las dos enfermeras quirúrgicas atienden los quirófanos como instrumentistas. Cada una en uno. La auxiliar de enfermería de quirófano se queda como circulante en uno de los quirófanos y hay que buscar una enfermera más para que atienda como circulante en el segundo quirófano.
La supervisora no localiza a nadie y acude a mi, enfermera de Reanimación.

.- Ana, tienes que entrar en el quirófano.- me comunica, segura de sí misma.
.- No puedo,- respondo.- Estoy asignada a esta sala. Tengo 3 pacientes y no puedo abandonarlos.-
.- Yo me quedo vigilando. Tu entra en el quirófano, que te manejas mejor.-

En décimas de segundo, analizo la situación:

Esta es la realidad de la propuesta.
         Dejo mis tres pacientes a cargo de la supervisora (que lo es de consultas, de ahí su impericia en otras lides). Entro en uno de los quirófanos (presumiblemente en el de la cesárea, porque previsiblemente, acabará antes). Cuando termine de ocuparme de las funciones de enfermera circulante que me asigna, acompañaré al paciente a mi unidad (Reanimación) y le aplicaré el protocolo de bienvenida (tratamiento, control, cuidados, analíticas...estabilización) a la vez que recupero a mis tres pacientes y con un poco de suerte, también recibo al paciente del otro quirófano, asumiendo todas las tareas, funciones y cuidados que precise (y dado el cariz del asunto, tendré que montar el respirador)
Mientras, la supervisora habrá “controlado” a los pacientes de reanimación como te voy a contar. Acompañada de la T.C.A.E. (Auxiliar), habrá esperado pacientemente y con los dedos cruzados, a que no pase nada. En caso contrario, me iría a buscar. Y ahí se acabó el asunto (lo se por experiencias anteriores). De modo que a mi regreso, faltará todo el control de tratamientos, pruebas, mediciones de drenajes, etc, que tuviera que haber hecho en ese lapso de tiempo.
imagen URPA Hospital Universitario de Cruces
Osakidetza
http://anestesiareanimacion.hospitalcruces.com/10_2782/pagina.aspx

Conclusión: 
Yo llegaré con el paciente de quirófano inestable y precisando de toda mi atención, mientras “recupero” mis responsabilidades sin actualizar ni hacer.
Así que me la juego:
.- No voy a entrar en el quirófano si no me das una orden por escrito en la que asumes a los pacientes de reanimación y me eximes de responsabilidad si pasa algo. Como supervisora es tu papel resolver el asunto. Yo no me responsabilizo de todo, Reanimación y quirófano a la vez, porque es imposible, además de una sobrecarga innecesaria. Y marcharme de aquí es abandono de servicio. No abandono mis pacientes ni mis responsabilidades.
Me salió bien. Tras un breve intercambio de opiniones tipo
.- ¿Te estás negando?
.- Sí, tengo claras mis responsabilidades y las tuyas etc…

Solución:
La supervisora entró en el quirófano. En una cesárea siempre hay mucho personal habituado (ginecólogos, matronas, pediatra) y estaba instrumentando la enfermera del servicio. Además, los quirófanos estaban comunicados por la sala intermedia y la Auxiliar de quirófano estaba también fácilmente accesible. 
Todo eso yo ya lo sabía. Todo salió a las mil maravillas. No hubo problemas, tampoco represalias y nunca volví a saber de la incidencia. Yo me quedé en mi sala. 
Cuidé a mis pacientes como debía y asumí los dos nuevos y la carga de trabajo tal y como debía.


PERO:
.- ¿Tenía yo razón?
.- ¿Me la jugué?
.- ¿Se trataba de un abuso de poder?

lunes, 14 de julio de 2014

Yo traduzco informes médicos

Casi todos los días, al final de la jornada, hay algún alta. Parecerá que eso a las enfermeras nos beneficia... Bueno, pues, sí, claro, siempre nos alegramos por los pacientes cuando se van a su casa por mejoría. Hemos convivido con ellos unos días, al lado de su dolor, su malestar, su miedo… 
El alta es un momento emotivo, aunque el ingreso haya durado poco. Es una pequeña despedida. Pero también va acompañada de tareas que incrementan la carga asistencial. Empezando porque, antes de que se haya marchado, ya tenemos presiones para un nuevo reingreso en la plaza vacante (esto está más reñido que las oposiciones). Pero no quiero hablaros de eso. Así que, me centro.
     Cuando el paciente se va de alta, uno de los requisitos imprescindibles y de derecho es, que se lleve el informe de alta. Enfermería, que estamos a su lado constantemente, realizamos un informe, lo más detallado posible, de lo que ha sido su evolución y de los cuidados que deberá seguir mientras dure su convalecencia.
El informe tiene un doble destino: 
Una copia se remite al enfermero de Primaria, que desde el Centro de Salud, continuará con los cuidados  y se ocupará de nuestro paciente y de lo que pudiera precisar. 
La otra copia es para el paciente, que tendrá prueba escrita para consultar y utilizar cuando precise. 
También el médico hace lo mismo. Solo que este informe será un informe médico, que versará sobre la enfermedad que le llevó a ingresar; la patología, pruebas realizadas y tratamiento prescrito a seguir en el domicilio. 
Cada profesional, hace su propio informe, que complementa pero no sustituye al de otra categoría profesional.

Clara es enfermera y trabaja en turno rotatorio. Hoy está de mañana y uno de los pacientes que ella lleva, se va de alta. Añade a sus tareas la de retirar el catéter venoso, cambiar apósitos, hacer curas, y redactar el informe de alta de enfermería para entregar al paciente y también remitir al centro de salud correspondiente. Una vez redactado, se lo entrega y, junto con el familiar más allegado (cuidador principal) repasan el documento para asegurarse que todo está entendido y no hay dudas.
Una vez en el control, pone al día la historia electrónica. Es un trabajo tedioso y requiere de concentración, porque el programa es nuevo y aún no lo domina como quisiera. En ese momento, Clara está compartiendo mesa con la enfermera del turno fijo de mañana, Adela. 
Suenan dos toques de nudillos discretos, sobre la barra del control.
.- Disculpe, Clara.- Se trata del familiar del paciente del alta.

.-Mi auscultación inicial sugiere la presencia de la enfermedad
de Basedow... Pero la adenitis, el exceso de bilis y la anquilosis
apuntan a una situación provocada por alérgenos
.- sonría, le explicaré todo cuando se marche el médico

.- Dígame! ¿Qué necesita?

.- Verá, su compañera nos ha traído un sobre con el informe del médico. La verdad es que no entendemos nada y queríamos hacerle unas preguntas ¿Podría usted explicárnoslo?

.- De ninguna manera.- salta Adela. - Como bien ha dicho, el informe es médico. Pregunte al médico.

.- Por supuesto que sí.-interrumpe Clara.- No haga caso a mi compañera, que es muy guasona. Permítame terminar lo que estoy haciendo y en unos minutos me acerco y lo vemos.

.- Muchísimas gracias.- Responde, sinceramente agradecida, la mujer.

La mujer se da la vuelta satisfecha y suena la estridente y agresiva voz de Adela.

.- Pero tú qué tienes que explicar del informe médico? Eso no es cosa nuestra. Sólo faltaba. Pues no te parece que somos ya suficientemente criadas, como para entregar sus informes y explicarlos. Además, te advierto, que estás metiéndote en un campo que no es tuyo y vas a tener problemas. ¿Lo siguiente qué va a ser? Acabarás llevando los consentimientos?

Una vez que la mujer se ha alejado del control, Clara responde a Adela 
.- Tú haz lo que te parezca oportuno, que yo seguiré haciendo lo que me parezca correcto.

Quién tiene razón? 
¿Ya no se puede informar y resolver dudas al paciente?
Si tanto reivindicamos que nuestro campo es la educación para la salud ¿Por qué somos tan reacias a dar más información que la estríctamente reservada a nuestras propias intervenciones?
Si tanto sabemos y tan preparadas estamos como profesionales ¿Por qué nos da miedo demostrar nuestros conocimientos?
¿Pasa esto en tu entorno?
¿Qué opinas de ello?


domingo, 6 de julio de 2014

@LolaMont: Donar en vida

Mi personal visión de tu maravillosa gesta

En un momento de tu vida mágico, eliges y te elige quién deseas que sea “tu persona” “tu alter ego” “tu ser querido” “tu pareja”. 
Y será quien llene tu vida de momentos compartidos, de luchas a medias, será quien haga que la vida, ya no la vivas en soledad, sino en compañía. 
Así le pasó a Lola, hasta que, una enfermedad (terrible enemigo, durísima prueba) le puso en una situación de difícil decisión.

Dos hijos a medias, pequeños. Un marido, un padre que necesita un trasplante para seguir adelante. 
La vía normal no parece ofrecer solución en un plazo deseable. Corren el riesgo de perderle. 
Puede haber una alternativa, pero tomar la decisión requiere un valor, un riesgo, y una humanidad excepcionales. 
Lola puede ser donante en vivo y “jugársela” para “intentar” salvar a su mitad. Muchas preguntas en el camino.
Donar en vivo un riñón no es tontería. Te quedas con uno para ti. Aunque sea perfectamente compatible con una vida “normal”, no será tan “normal”. Habrá que cuidarse. 
Ánimo Lola
Vamos a por todas!
Y ¿si en el transcurso de la vida alguno de mis hijos necesita un riñón? Ya no tendré para darle a nadie más. Al menos, no mientras siga viva. 
Eso añadiendo que, siendo ella el soporte de todos, entrará en situación de vulnerabilidad. Debe reponerse pronto para seguir sosteniendo. 
Sumemos las presiones de algunos familiares y amigos, que la tachan de “loca”. El sacrificio y el riesgo no es entendible por todos. 
Pero lo tiene claro. Quiere a su mitad cerca de ella muchos años. Quiere regalar a sus hijos más años con su padre. 
Y reza porque esos años se conviertan en la suma de días de risas, abrazos y vivencias intensas sin tantos riesgos ni tantos cuidados.

Gracias, Lola. Gracias por contarlo, por hacernos partícipes, por recordarnos lo frágil que es la vida, lo bonito que es afrontarla en compañía y lo importante que es estar dispuesto a sacrificarse, a arriesgar para conseguir lo que se desea. 
Mis más sinceras disculpas por interpretar sin tu permiso, mi propia "tu historia". Pero no pude ni supe resistirme.
Sin tu experiencia, muchos no habríamos reparado en ello. Te deseo toda la suerte del mundo, porque te mereces conseguir todo lo que te propongas.


SI QUIERES SABER MÁS:


martes, 1 de julio de 2014

Liberar emociones: Déjame llorar

Mi paciente llevaba ya un mes agonizando. Noventa años. Terminal. El final esperado. Su corazón se pararía en cualquier momento.
Desde su ingreso, estuvo acompañado de su hijo. Se veía que habían forjado una bonita y estrecha relación. El hombre cuidaba a su padre como si fuera un niño, el niño de sus ojos. Y le hablaba constantemente, aunque mi paciente probablemente, ni oía ni era ya capaz de procesar las palabras. Sufría Alzheimer muy avanzado.

Cuando llegó el momento de la muerte, su hijo se mantuvo firme y entero hasta el último minuto. Acompañó a su padre hasta las mismas puertas de la muerte. Le sostuvo la mano, le habló
dulcemente y nos avisó cuando sospechó que su padre había fallecido. Cuando acudimos, sólo quedaba confirmar el hecho. No respiraba. No había pulso. Hicimos un electro porque es lo que marca el protocolo. Pero cuando nos avisó, hasta los rasgos y el color de la piel del anciano, advertían de lo sucedido.
Cuando nos llamó estaba tranquilo, resignado a lo inevitable, como aliviado. Sin embargo, cuando salimos de la habitación y avisamos al médico, no pudo más. Se abrazó a mí y comenzó a llorar desconsolado y roto.

En un primer momento, mi reflejo fue decir .- No llores, tranquilo.- Pero me callé a tiempo.
Recordé lo que había leído al respecto. Los cursos de “relación de ayuda” que había hecho. Mi experiencia en su lugar, mi experiencia como enfermera.

Y me callé. Permanecí en silencio, dejando que me abrazara, dándo tiempo y permiso para que expresara sus emociones en un ambiente tranquilo, seguro, libre de críticas y de frenos.
Dejar que fluyeran las emociones. Liberarlas, sin dejar que la desesperación nos invada.

      Recuerdo que, cuando murió mi padre, mi madre me dijo 
.- hija mia, la desesperación es como un gas. no dejes ni una pequeña rendija por la que pueda entrar, porque antes de que te des cuenta, te habrá invadido y será muy difícil deshacerse de ella.- 
Es bueno liberar emoción, pero sin descontrol.


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domingo, 15 de junio de 2014

¡Dale masaje cardíaco tu, rápido!

by GaborfromHungary www.morgueFile.com
Soy celador desde hace muchos años. Trabajo en un hospital. Me gusta el entorno sanitario, el contacto con la gente, con otros profesionales, con mis compañeros y con los pacientes y sus familias.
No soy enfermero, ni auxiliar de clínica (o TCAE, como se denominan ahora), tampoco soy médico. Soy celador y estoy orgulloso de serlo. Me gusta mi trabajo y trato de desarrollarlo de la mejor manera posible.
Hace tiempo me apunté a un curso de RCP básica organizado por el Hospital. Me pareció imprescindible para cualquier persona. Mucho más dentro del ámbito hospitalario. Aunque durante mucho tiempo no precisé poner en práctica los conocimientos adquiridos, volví a hacer el curso más tarde, por eso de refrescar lo aprendido.
Desde hace tiempo trabajo en una unidad de Radiodiagnóstico. Hoy he estado en el escáner. He trasladado a un chaval de menos de 30 años. No saben qué tiene, pero está inconsciente e inestable. En el traslado llevamos todo el aparataje sobre la cama, más un maletín, y no sé cuantas cosas más.  El personal anda nervioso revoloteando a su alrededor. Me acompañan la enfermera y el internista. Una vez en el escáner, no me muevo hasta que no me digan. Por si me necesitan. Hemos pasado al paciente a la camilla y ...en ese momento el muchacho entró en parada cardiorespiratoria.
Ver un chaval tan jóven en situación tan vulnerable es siempre muy duro. Se te ponen las piernas de goma y te cuesta tomar aire. 
Alrededor del paciente, cuatro mujeres. Una internista, dos enfermeras y una auxiliar. La doctora inició masaje cardíaco casi inmediatamente. Me fijé en cómo lo hacía y recordé lo que había aprendido en el curso. Mientras, daba órdenes a las enfermeras, que cumplían solícitas y eficaces todas las órdenes. A veces incluso antes de que terminaran de dárselas. La auxiliar de enfermería estaba siempre disponible para todo lo que cualquiera de los otros tres profesionales precisaran.  
Dentro de lo caótico que pudiera parecer la situación frenética, se observaba una perfecta coordinación entre profesionales. Yo permanecía a un lado, sin molestar, pero atento a lo que pudiera hacer por ayudar.
.- Alejandro! ¡Trae el desfibrilador!
by pedrojperez www.morgueFile.com
.- Alejandro! ¡Cúrsame esta analítica!
Pasa el tiempo y no hay actividad cardíaca. La doctora muestra signos de cansancio. El muchacho no reacciona. El corazón sigue sin funcionar.
.- Alejandro! ¿Sabes dar masaje cardíaco?
.- .- respondo sin pensar.
.- Pues sigue tu.
Y allí que voy. Me pongo a ello. Nervioso, emocionado, agradecido por poder ayudar. Repaso mentalmente la técnica. Recuerdo todo lo aprendido.
Tras 45 minutos de masaje cardíaco, tratamiento, atenciones, actuaciones y unos cuantos chispazos con el desfibrilador, el corazón del muchacho vuelve a funcionar.
.- ¡Muy bien Alejandro!.- me dice el jefe de servicio al día siguiente.- Y yo me siento orgulloso.
Y parece que estas cosas tienen tendencia a repetirse, porque menos de un mes después, me encuentro en una situación parecida.
Esta vez me toca uci. Ya estoy acostumbrado porque he estado muchas veces aquí. Las mañanas son intensas y esta promete...
Una mujer de 70 años, ingresada hace unos días, entra en parada. Alrededor de ella 3 mujeres. Una internista (la misma de la vez anterior, la que me encontré en rayos), una enfermera y una auxiliar de enfermería.
.- Alejandro! Empieza con el masaje cardíaco.
.- ¿Yo? .- pregunto.- ¿Lo hago yo? Pero si soy el celador!
.- SÍ, Tú.- me ordena. .- Rápido!
Y lo hice. Como siempre, lo mejor que pude y lo mejor que sé. Pero…
Creo que me eligieron porque soy hombre, estoy en buena forma y tengo más resistencia. Sí, es cierto que tengo un curso de RCP, pero, soy celador y estoy en un Centro Hospitalario, en un Servicio Especial, en Cuidados Intensivos. No me niego a hacer técnicas como esta, pero me preocupan algunas cuestiones.
.- ¿Puede ser intrusismo?
.- ¿Estoy haciendo funciones para las que no estoy cualificado?

.- Y si estoy cualificado porque tengo un título de un curso que hice, habiendo profesionales con mejor capacitación académica ¿Soy yo el indicado para llevar a cabo la reanimación?

Ponte en contacto conmigo!!!

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