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martes, 14 de octubre de 2014

¿Qué he hecho para merecer esto?

Advertencia:
“Esta historia está basada en hechos reales, pero con grandes dosis de interpretación personal. 
Podría ser que cualquier parecido con la realidad, fuera mera coincidencia”.


Hace unos días salió una noticia en prensa. Hablaba de otro continente y de un voluntario que cuidaba enfermos infectados con un virus mortal. El hombre se había contagiado y urgía tratarle. Las autoridades decidieron trasladarlo a su país, concretamente,  al hospital donde yo trabajo.

Se pidió personal voluntario para atenderle. Muy pocos nos ofrecimos. Nos dieron formación intensiva y breve, a marchas forzadas, sobre la enfermedad, el virus, el protocolo oficial y los equipos de protección personal. Hubo mucho de autodidacta en esa formación. Estábamos aterrados. Podías contagiarte, contagiar a otros, a la familia... Sabíamos que era una enfermedad mortal, muy contagiosa, sin cura. El paciente venía para un tratamiento experimental.
A pesar de nuestros cuidados y de nuestro trabajo, nuestra lucha a su lado y nuestra dedicación, el cooperante murió. Sus últimos momentos fueron los más duros. Justo cuando la enfermedad era más contagiosa.
Unos días más tarde, comencé con fiebre. Fui a notificarlo, pero me tranquilizaron porque no era elevada. Sin embargo, rápidamente, mi estado empeoró, cada vez me sentía más débil, más cansada, más enferma, menos dueña de mí y de mi cabeza. Horrorizada, recordaba que había estado con el voluntario enfermo.
De repente, todo se precipitó. Ambulancia, Hospital. Me aislaron en una cabina. Nadie quería tocarme salvo con los equipos de protección y triple guante. Dejé de ver caras, gestos, de oír voces nítidas, nadie volvió a tocarme a piel descubierta. A partir de entonces, todo a través de filtros; mascarillas, gafas de protección, gorros, guantes…
Tardaron un poco en confirmarme el diagnóstico. Confieso que lo sospeché. Estaba aterrada y me preocupaba mucho mi familia. Me aislaron en una habitación y dejé de tener contacto directo con el mundo. Gracias al móvil pude hablar con los míos. Eso me hacía mucho bien. Pero también recibía llamadas. A veces no sabía bien con quien hablaba. Me preguntaban sobre lo que había dicho o hecho los últimos días, con quién había estado, a quién había tocado, dónde fui cuando empecé a enfermar... No me encontraba bien. Trataba de obedecer, contestar con sinceridad... A veces las ideas iban y venían y me sentía confusa. Empecé a dudar sobre lo que había hecho o dicho, con quién había estado o lo que había pasado. Me preocupaban mis compañeros. Esos que entraban en la habitación forrados con un traje espacial en el que yo sabía que sudaban a mares y les impedía moverse con libertad. Procuraba animarles y les insistía en que no hacía falta que entraran con tanta frecuencia. A pesar de encontrarme fatal, prefería valerme por mí misma y minimizar su riesgo al máximo.
Contribuí con mi trabajo y dedicación, al cuidado de un paciente terminal infectado por un virus mortal. Lo hice voluntariamente y, de repente, yo era una mentirosa, una inepta. Había puesto en riesgo a gente inocente. Voluntariamente me jugué mi vida, la de mi familia y la de todo aquel que se pusiera cerca por atender a un ser humano. A cambio, se olvidaron de que era profesional sanitario y pasé a que se me acusara de asesina.
Nunca planeé hacerme famosa por un motivo como este. No estaba en mis planes ni lo deseé en mis peores pesadillas.
En este tiempo ha habido seres humanos que me han crucificado. Es  normal. Son personas ignorantes y temerosas. El miedo y la ignorancia buscan culpabilizar.
Ha habido personas sin escrúpulos que han trabajado muy duro por conseguir una foto mía en las peores circunstancias, incluso una declaración en la que me autoinculpara, cualquier dato morboso por hacerse famosos o ganar audiencia. A estos podría aconsejarles que se presentaran voluntarios para autoinfectarse y gestionar su propia enfermedad.

Pero también sé que ha habido personas inteligentes y solidarias que siempre estuvieron de mi lado. Que no me juzgaron sin pruebas, que las buscaron y me defendieron a capa y espada sin miedo. Personas que buscaron soluciones sin quedarse en crucificar culpables. Gracias a esas personas, sé que puedo seguir confiando en la humanidad.

domingo, 28 de septiembre de 2014

¡No me pida que me descalce!



Con eso de la gestión de recursos humanos, a veces pasa, que la dirección no sabe dónde ponerte y refuerzas aquí y allá sin tener un destino fijo.
Hoy estoy en la consulta de trauma. Pueden moverme en cualquier momento. Estoy de refuerzo. Ayudo a mi compañera en la sala de yesos y en la de curas. Esto es un no parar.
Necesitamos algunas cosillas, así que, paso a la consulta de uno de los traumas a por material. En ese momento está atendiendo a una mujer que dice que le duele un pie. 
El médico le pide que se descalce y ella lo hace solícita. 
Ante mi y ante el facultativo, aparece un pie reluciente, algo inflamado a la altura del tobillo. El especialista le pide a la paciente que se descalce del otro pie.
.- ¿Por qué doctor? El pie que tengo malo es este. El otro está bien.- Asegura la mujer.
.- Necesito compararlos, señora. Es necesario. Haga el favor de descalzarse.
.- No puedo Doctor. De verdad que no puedo.
.- ¿Necesita ayuda?.- pregunta solícito el médico
.- No señor, puedo sola. pero no quiero descalzarme.
.- Y eso ¿Por qué señora?

.- Verá doctor. No sabía que iba usted a verme los dos pies. Me da mucha vergüenza. Pero como creí que sólo necesitaría ver el que me duele, no me he lavado el otro.



lunes, 15 de septiembre de 2014

A destajo y sin que conste

by earl53
fuente: morgueFile free photos

Hoy tengo que ir a trabajar de mañana y ya estoy enfadada. Sé lo que me espera. Salgo de casa “con la escopeta cargada”. Cuando llego, aún es peor de lo que esperaba.
Hace días que una compañera de turno (antigua supervisora), pidió permiso para acudir a una consulta médica. Desde entonces, nos barruntábamos que no le iban a sustituir las horas que faltara. Y que los pacientes que tuviera asignados, tendríamos que repartirlos entre el resto de compañeras.
Cuando llego, la planta está completa. 32 pacientes. Medicina Interna. Una media de edad alta. Muy dependientes. Muchos sin familia que colabore y nos descargue de algunas tareas.
La plantilla es de 4 enfermeras más la supervisora, que hace la número 5. Aunque su tarea es, sobre todo, administrativa, cuando se precisa, también hace labor asistencial para sustituir o reforzar en momentos puntuales.
Hoy no hay supervisora. Está de vacaciones. Nos falta el apoyo. Observo que en cartelera somos 4 enfermeras para 32 pacientes. Una de las enfermeras es la compañera con el permiso  por consulta.

A la tarea!! Primera parte: Coger el cambio.
by pschubert
fuente: morgueFile free photos
La enfermera de noche nos informa.
.- Me ha dicho la super de guardia, que tenéis que repartiros los pacientes entre 3.
.- Imposible. - Respondo.- Somos 4 en cartelera.
.- Ya, -me aclara. - Pero , Dolores tiene que ir a una consulta y no va a venir en toda la mañana.
Me indigno: .- Y cómo puede ser que en cartelera conste que somos cuatro y la realidad sea que somos tres? y ¿Cómo puede ser que Dolores falte toda la mañana y no le den el día sustituyéndola convenientemente?

La planta está llena, los timbres comienzan a sonar, no hay tiempo que perder. Hay que coger el cambio, hacer las analíticas, preparar las medicaciones, el carro de curas, los desayunos, los pacientes que tengan que acudir a hacerse alguna prueba, los pases de visita (para más inri, estamos en período estival, los facultativos titulares están de vacaciones y la planta rebosa residentes hiperactivos).
Mis compañeras de mañana son eventuales. Sustitutas de verano. La única fija, soy yo. Se impone sacar valor y poner las cosas en su sitio. Si lo dejo como está, nos exponemos a cualquier cosa. Cojo el teléfono y llamo a la dirección.
Se ve que se olían que se iba a preparar, porque la secretaria me pasa inmediatamente con la subdirectora (la directora está de vacaciones)

Conversación telefónica Planta-Dirección:
Saludo: .- Buenos días! Soy Justi, de medicina interna. Verás, hay una compañera que se ha pedido permiso para acudir a una consulta médica y estamos esperando sustituta o alguien que venga a ayudar. Está la planta llena y no vamos a dar abasto.
Respuesta muy educada.- No hay nadie para sustituirla, Justi. Tenéis que repartiros los pacientes entre las que estáis.
.- Imposible.- (me atrevo a decir procurando que no se me note el pánico... ¡De esta me expedientan!).- Está la planta llena. Hay mucho trabajo. No quiero poner en riesgo a mis pacientes ni jugarme el puesto corriendo riesgos innecesarios.
.- Pues es lo que hay.
.- Bueno, por lo menos que quede constancia. Yo, aviso. Hasta luego.-

Cuelgo, pero no me quedo tranquila. Llamo al sindicato. Se lo explico. Esta es la respuesta:

.- Verás Justi. Veo pocas soluciones inmediatas,- me cuenta.- Podemos llamar nosotros a la Dirección, si te parece oportuno, para insistir. Sería bueno hacer un escrito y presentarlo para que quede constancia escrita y registrada de la incidencia. Si así no se resuelve, como siempre, tendréis que hacer lo que podáis. Luego ya valoraríamos si llevarlo a otros niveles (Junta de Personal, Salud Laboral, prensa…).

La chica del sindicato viene al rato. Supongo que a comprobar que lo que digo es cierto. Confirma mi declaración y le doy permiso para hablar con la Dirección.

Conversación telefónica Dirección-Sindicato:
Delegada: .- Buenos días! Soy Ana, del sindicato. Me gustaría hablar con Dña Subdirectora de enfermería.-
Subdirectora: .- Buenos días. Ya me imagino lo que me vas a contar. Es esa chica de medicina interna. Su compañera tiene una consulta y no va a  ser capaz de apoyarla.
Delegada: .- Disculpa. La versión que yo tengo no es esa. Sus compañeras no se quejan porque ejerza su derecho, sino porque, dicen, le va a llevar toda la mañana y no le vais a sustituir. Acabo de estar con ellas. La planta está hasta arriba. No hay sustituta ni refuerzo. Además, me parece muy feo que quede constancia que se han atendido 32 pacientes con 4 enfermeras cuando no es cierto. Eso va en perjuicio de nuestra profesión enfermera. No deberías permitirlo.
Subdirectora: .- ¡Bobadas!. Esto pasa a diario. ¿Por qué no me llamas para quejarte cuando pasa en otras plantas? Es esa enfermera, que es muy rebelde.
Delegada: .- Lamentablemente, nos enteramos de que estas cosas ocurren, cuando las enfermeras valientes nos lo cuentan. El resto se calla y asume, sobre todo porque os temen. Qué más quisiera yo, que nos avisaran cada vez que ocurre. Ten por seguro que estaría llamándote la atención todas y cada una de las veces. Me parece fatal que lo veas como una rutina con la que hay que tragar y no hagas nada por resolverlo.
Subdirectora: .- Estás sacando las cosas de quicio, Ana. Vosotros los del sindicato, siempre buscando el conflicto y la polémica.

Mientras… en la planta
Mis compañeras se niegan a firrmar el escrito. Son eventuales y temen represalias, que les pongan en la lista negra y no les vuelvan a llamar. En el fondo las entiendo, aunque me duele verme sola.
Ha llegado la supervisora de otra planta y se ha hecho cargo de los pacientes de nuestra compañera. Un alivio que aprovecho. Como además voy con retraso, decido dejar el escrito para más adelante.
La mañana transcurre muy atareada e intensa. Se nota la ayuda de la supervisora, aunque no sea habitual de la planta. A última hora se incorpora la compañera que fue a la consulta.
by Naomi
Fuente: morgueFile free photos
Conclusiones:
Justi no presentó el escrito. Pero tampoco asumió la situación como inevitable. Hizo lo que pudo por cambiarla, por notificarla, por reclamar.
Una persona sustituyó a la compañera. Y, si bien al principio, el permiso iba a durar toda la mañana, al final duró menos.
¿Qué habría pasado si Justi no hubiera hecho nada?
¿Si nadie hubiera hecho nada?
¿Si se hubiera asumido y aceptado la situación como inevitable?

Por experiencia: Una cosa sí es cierta: La planta se hubiera llenado de ira, insatisfacción, enojo, malas caras y reproches. Pero, como es habitual, por detrás del problema. No de cara.
Justi hizo en esta ocasión, que la situación se conociera y cambiara.

domingo, 31 de agosto de 2014

A ti ¿De qué te operan, maja?


Hoy es el día que tengo que ingresar en el hospital. Me operan de anginas. Ya me han dicho que es una intervención de poco riesgo. Me han dado muchos ánimos y debería estar tranquila, pero los hospitales me ponen nerviosa, no puedo evitarlo.
Es verano, debería estar en la piscina, pero la intervención es necesaria y la lista de espera me obliga a realizarla cuando me llaman. O sea, hoy.
He tenido que ingresar en la planta de ginecología, porque los recortes y la planificación en período estival, dicen, obliga al Centro sanitario a optimizar recursos cerrando unas salas y reubicando pacientes en otras. Esta frase me ha quedado de lujo, aunque no acabo de comprenderla del todo. En fin.

Una enfermera muy amable me toma los datos. Me pregunta algunas cosas y me acompaña a la habitación. Es una habitación doble y en este momento estoy sola. Supongo que no durará mucho y que enseguida tendré compañera. No me estresa demasiado, me han dicho que estaré poco tiempo.
Estoy metiendo en el armarito cuatro cosillas que me he traído cuando entra, sin llamar, una ¿enfermera?. No se presenta y no puedo ver si tiene algún distintivo.
.- Hola maja. Aquí tienes, un camisón, la toalla y un vaso. Toma, las compresas. Te vas poniendo el camisón.-  Y sale sin darme tiempo a responder.

Lo primero que pienso es ¿las compresas para qué? ¿quizá son un regalo? ¿un detalle del hospital para los nuevos ingresos? Qué poco apropiado me parece, pero…
Obediente, me pongo el camisón. Pero me preocupa lo de las compresas. Ojalá no se me olvide preguntarle, aunque me da un poco de vergüenza.
Me tumbo en la cama con mi novela. Lo de las compresas no se me va de la cabeza.

Al rato entra de nuevo la “profesional”, me armo de valor y se lo comento.

.- Disculpa ¿para qué son las compresas? A mi me van a operar de anginas.

Me mira sorprendida, como si no me creyera o pensara que estoy un poco loca.

.- Espera un momento, voy a comprobarlo.- y sale de la habitación.

Ahora sí que me ha asustado. Que espere a que compruebe ¿qué? Yo estoy segura de que vengo a operarme de anginas. A ver si ahora me operan de otra cosa quiera o no quiera.

Al rato vuelve. Agarra las compresas mientras se justifica:

.- Perdona ¿eh? que me he equivocado. Creí que lo tuyo era un legrado.- Y sale de la habitación como alma que lleva el diablo.
Me invadió un terrible miedo, inseguridad, una sensación de mal augurio. Ganas me dieron de salir tras ella. ¿Cómo no voy a tener razón?
Menos mal que, al poco, entró la primera enfermera, la que me recibió. Con voz dulce y mucho tacto, me demostró que sabía lo que hacían y que se ocuparía de que todo saliera bien. También protegió la identidad de su compañera y trató de atenuar el error.

Por fin, me bajaron al quirófano. Allí todos los profesionales se mostraron muy cariñosos y atentos. Yo estaba preocupada, pero me tranquilizaron. Me aseguraron que me operarían de las amígdalas y de nada más.

Aún así, cuando desperté de la anestesia comprobé que no llevaba compresa y que, efectivamente, lo que me dolía era la garganta.


viernes, 15 de agosto de 2014

Cuidar sin odiar, a veces tan difícil

http://recursostic.educacion.es/bancoimagenes/web/
Ilustración
Margarita Irene Marín

Ha ingresado un nuevo paciente en el módulo de custodia. Viendo quién le va a llevar, uno ya presupone la patología y algunos datos que conviene saber: Sida, hepatitis… Aún así, entro a saludar y hacer una primera valoración con la mejor disposición y prejuicio cero. El paciente me recibe con actitud soberbia. Me insulta nada más entrar (a mi y a todo pariente que presupone relacionado conmigo). Se queja por todo y por todos. Intento no juzgar y adopto una postura lo más profesional posible.
  .- Buenos días Charly. Soy Meli, tu enfermera hoy por la mañana. Te traigo un pijama y una toalla. Quisiera hacerte unas preguntas para una primera valoración, si no tienes inconveniente.
  .- Y tú a qué ostias vienes? Vaya puta mierda hospital, ni una puta tele, no sé para qué ostias me traen a esta mierda centro. ¿Qué dices que eres? ¿Mi qué? Lo que yo te diga, vas a hacer por mi…¿por qué no me la chupas?
Así estamos unos minutos, en los que mantengo el tipo con un valor que no tengo y le pido educadamente que me tenga un respeto porque no tengo más intención que la de cumplir con mi trabajo, que de ninguna manera será ir en contra de su salud o bienestar.

En los breves minutos que dura la entrevista, no me da un solo dato que no sea rabia, ira, agresividad, falta de colaboración. Sin embargo, obtengo otros muchos de la simple observación. Casi no se tiene en pie. Está débil y en mal estado general. Delgadez extrema, palidez generalizada, deshidratado. Es difícil concentrarse en la labor profesional cuando te agreden verbalmente con tanta rabia. Es difícil perdonar e intentar comprender al otro, cuando te maltrata sin haber existido provocación.

Cuando salgo de la habitación, los guardias me cuentan que tiene varias condenas por asesinato. Trato de no escucharles, porque no quiero cargar más las tintas en contra de alguien que va a ser mi paciente. Pero es difícil. En las largas jornadas que voy a tener que atenderle, será difícil hacer oídos sordos a sórdidas historias que indican que se trata de una mala persona.
Desde entonces… Cada vez que hemos colocado una vía venosa, (con enorme dificultad, por su adicción a las drogas vía parenteral), Charly se la ha arrancado. La mayor parte de las veces, delante de nosotras, justo antes de administrarle un medicamento, mientras sonreía sabiendo que nos sería casi imposible volver a canalizar otra vía. Se arranca la sonda, destroza todo lo que pilla y sus fuerzas le permiten.
Pero cuando le visita su médico, Charly cambia. Es más educado, aunque no aparca esa fiera soberbia y ese odio por el mundo. Niega todo lo que nosotras contamos. Se muestra más sumiso y obediente. Se queja de que le odiamos y le abandonamos a su suerte durante todo el día.
Insistimos con su médico que necesita ayuda psiquiátrica. Le contamos las incidencias, lo difícil que es atenderle… pero...

Hoy estoy cansada de sus reproches, sus insultos, sus juegos de provocación. Ha vuelto a arrancarse la vía, que tanto me costó canalizarle en un pie. Lo ha hecho delante de mí, provocándome y no he podido resistirme.
  .- Pero, ¿A ti qué coño te pasa? ¿Qué te hemos hecho? ¿Estás cabreado con el mundo y tienes que pagarlo con nosotras? ¿Pero no vés que te mueres y queremos ayudarte? ¿Por qué te empeñas en morirte dejando que te odien todos los que te conozcan?
  .- Anda y vete a la mierda, zorra!

Esa noche, hizo sus necesidades en la cama. Luego se dedicó a extenderlas por toda la habitación. Cuando llegué por la mañana, las compañeras me dijeron que se negaba a lavarse y que no les había dejado limpiar nada. Entrar por la mañana, fue una horrorosa aventura. Presa de las arcadas, hice caso omiso a sus quejas y a su negativa a ducharse. Le lavamos por la fuerza y recogimos toda la habitación. Desde ese momento, su estado fue empeorando muy rápido. Aún así,  continuó dirigiendo su ira y su agresividad contra nosotros.

Hoy ha fallecido. En todo momento he tratado de comportarme con profesionalidad. Tengo la conciencia tranquila en cuanto a eso. No quiero alegrarme de habernos librado de semejante persona, pero no puedo evitar sentirme aliviada.



jueves, 31 de julio de 2014

Tú al quirófano, que de tus pacientes me ocupo yo

Ana trabaja en Reanimación desde hace año y medio. Sus inicios fueron duros. Reanimación está incluido en el servicio de anestesia y colabora codo con codo con el quirófano, así que Ana tuvo que aprender de todo. Fueron unos meses iniciales de mucho estrés, de estar al 100%, de miedo por no estar a la altura de las incidencias. Los pacientes están inestables y es fácil que te den una sorpresa desagradable. Hay que saber anteponerse a las circunstancias. Aprender a interpretar gestos, color de piel, respiración, drenajes… antes de que suene la alarma de la máquina y pueda ser más complicado resolver el asunto.
Aquel día estaba de noche y tenía tres pacientes en la sala. Dos de cirugía mayor, que debían quedarse 24 horas y una de trauma, que recibiría el alta y subiría a planta en cuanto despertara lo suficiente y todo estuviera correcto.
Eran, más o menos, las dos de la mañana y tenía todo controlado. Estaba relativamente tranquila. Como siempre, me acompaña una auxiliar de enfermería (TCAE).
Sabía por mis compañeras de quirófano, que hacía una hora estaban haciendo una intervención de urgencia. Cirugía abdominal. Complicada. El paciente pasaría a mi unidad si todo iba según lo previsto. Si se complicaba, también habían alertado a la UCI.
En el quirófano hay de urgencia dos enfermeras y una auxiliar. Suficiente para atender cualquier urgencia quirúrgica que surja. Pero a veces, hay imprevistos. Y ese día sucedió.
Una mujer en pleno proceso de parto con una complicación, requiere cesárea urgente. No puede posponerse. El equipo de enfermería de quirófano está ocupado. Hay que desdoblar. Avisan a la supervisora de guardia, que acude inmediatamente.
En estos casos, se busca una enfermera más y se doblan los quirófanos. Las dos enfermeras quirúrgicas atienden los quirófanos como instrumentistas. Cada una en uno. La auxiliar de enfermería de quirófano se queda como circulante en uno de los quirófanos y hay que buscar una enfermera más para que atienda como circulante en el segundo quirófano.
La supervisora no localiza a nadie y acude a mi, enfermera de Reanimación.

.- Ana, tienes que entrar en el quirófano.- me comunica, segura de sí misma.
.- No puedo,- respondo.- Estoy asignada a esta sala. Tengo 3 pacientes y no puedo abandonarlos.-
.- Yo me quedo vigilando. Tu entra en el quirófano, que te manejas mejor.-

En décimas de segundo, analizo la situación:

Esta es la realidad de la propuesta.
         Dejo mis tres pacientes a cargo de la supervisora (que lo es de consultas, de ahí su impericia en otras lides). Entro en uno de los quirófanos (presumiblemente en el de la cesárea, porque previsiblemente, acabará antes). Cuando termine de ocuparme de las funciones de enfermera circulante que me asigna, acompañaré al paciente a mi unidad (Reanimación) y le aplicaré el protocolo de bienvenida (tratamiento, control, cuidados, analíticas...estabilización) a la vez que recupero a mis tres pacientes y con un poco de suerte, también recibo al paciente del otro quirófano, asumiendo todas las tareas, funciones y cuidados que precise (y dado el cariz del asunto, tendré que montar el respirador)
Mientras, la supervisora habrá “controlado” a los pacientes de reanimación como te voy a contar. Acompañada de la T.C.A.E. (Auxiliar), habrá esperado pacientemente y con los dedos cruzados, a que no pase nada. En caso contrario, me iría a buscar. Y ahí se acabó el asunto (lo se por experiencias anteriores). De modo que a mi regreso, faltará todo el control de tratamientos, pruebas, mediciones de drenajes, etc, que tuviera que haber hecho en ese lapso de tiempo.
imagen URPA Hospital Universitario de Cruces
Osakidetza
http://anestesiareanimacion.hospitalcruces.com/10_2782/pagina.aspx

Conclusión: 
Yo llegaré con el paciente de quirófano inestable y precisando de toda mi atención, mientras “recupero” mis responsabilidades sin actualizar ni hacer.
Así que me la juego:
.- No voy a entrar en el quirófano si no me das una orden por escrito en la que asumes a los pacientes de reanimación y me eximes de responsabilidad si pasa algo. Como supervisora es tu papel resolver el asunto. Yo no me responsabilizo de todo, Reanimación y quirófano a la vez, porque es imposible, además de una sobrecarga innecesaria. Y marcharme de aquí es abandono de servicio. No abandono mis pacientes ni mis responsabilidades.
Me salió bien. Tras un breve intercambio de opiniones tipo
.- ¿Te estás negando?
.- Sí, tengo claras mis responsabilidades y las tuyas etc…

Solución:
La supervisora entró en el quirófano. En una cesárea siempre hay mucho personal habituado (ginecólogos, matronas, pediatra) y estaba instrumentando la enfermera del servicio. Además, los quirófanos estaban comunicados por la sala intermedia y la Auxiliar de quirófano estaba también fácilmente accesible. 
Todo eso yo ya lo sabía. Todo salió a las mil maravillas. No hubo problemas, tampoco represalias y nunca volví a saber de la incidencia. Yo me quedé en mi sala. 
Cuidé a mis pacientes como debía y asumí los dos nuevos y la carga de trabajo tal y como debía.


PERO:
.- ¿Tenía yo razón?
.- ¿Me la jugué?
.- ¿Se trataba de un abuso de poder?

lunes, 14 de julio de 2014

Yo traduzco informes médicos

Casi todos los días, al final de la jornada, hay algún alta. Parecerá que eso a las enfermeras nos beneficia... Bueno, pues, sí, claro, siempre nos alegramos por los pacientes cuando se van a su casa por mejoría. Hemos convivido con ellos unos días, al lado de su dolor, su malestar, su miedo… 
El alta es un momento emotivo, aunque el ingreso haya durado poco. Es una pequeña despedida. Pero también va acompañada de tareas que incrementan la carga asistencial. Empezando porque, antes de que se haya marchado, ya tenemos presiones para un nuevo reingreso en la plaza vacante (esto está más reñido que las oposiciones). Pero no quiero hablaros de eso. Así que, me centro.
     Cuando el paciente se va de alta, uno de los requisitos imprescindibles y de derecho es, que se lleve el informe de alta. Enfermería, que estamos a su lado constantemente, realizamos un informe, lo más detallado posible, de lo que ha sido su evolución y de los cuidados que deberá seguir mientras dure su convalecencia.
El informe tiene un doble destino: 
Una copia se remite al enfermero de Primaria, que desde el Centro de Salud, continuará con los cuidados  y se ocupará de nuestro paciente y de lo que pudiera precisar. 
La otra copia es para el paciente, que tendrá prueba escrita para consultar y utilizar cuando precise. 
También el médico hace lo mismo. Solo que este informe será un informe médico, que versará sobre la enfermedad que le llevó a ingresar; la patología, pruebas realizadas y tratamiento prescrito a seguir en el domicilio. 
Cada profesional, hace su propio informe, que complementa pero no sustituye al de otra categoría profesional.

Clara es enfermera y trabaja en turno rotatorio. Hoy está de mañana y uno de los pacientes que ella lleva, se va de alta. Añade a sus tareas la de retirar el catéter venoso, cambiar apósitos, hacer curas, y redactar el informe de alta de enfermería para entregar al paciente y también remitir al centro de salud correspondiente. Una vez redactado, se lo entrega y, junto con el familiar más allegado (cuidador principal) repasan el documento para asegurarse que todo está entendido y no hay dudas.
Una vez en el control, pone al día la historia electrónica. Es un trabajo tedioso y requiere de concentración, porque el programa es nuevo y aún no lo domina como quisiera. En ese momento, Clara está compartiendo mesa con la enfermera del turno fijo de mañana, Adela. 
Suenan dos toques de nudillos discretos, sobre la barra del control.
.- Disculpe, Clara.- Se trata del familiar del paciente del alta.

.-Mi auscultación inicial sugiere la presencia de la enfermedad
de Basedow... Pero la adenitis, el exceso de bilis y la anquilosis
apuntan a una situación provocada por alérgenos
.- sonría, le explicaré todo cuando se marche el médico

.- Dígame! ¿Qué necesita?

.- Verá, su compañera nos ha traído un sobre con el informe del médico. La verdad es que no entendemos nada y queríamos hacerle unas preguntas ¿Podría usted explicárnoslo?

.- De ninguna manera.- salta Adela. - Como bien ha dicho, el informe es médico. Pregunte al médico.

.- Por supuesto que sí.-interrumpe Clara.- No haga caso a mi compañera, que es muy guasona. Permítame terminar lo que estoy haciendo y en unos minutos me acerco y lo vemos.

.- Muchísimas gracias.- Responde, sinceramente agradecida, la mujer.

La mujer se da la vuelta satisfecha y suena la estridente y agresiva voz de Adela.

.- Pero tú qué tienes que explicar del informe médico? Eso no es cosa nuestra. Sólo faltaba. Pues no te parece que somos ya suficientemente criadas, como para entregar sus informes y explicarlos. Además, te advierto, que estás metiéndote en un campo que no es tuyo y vas a tener problemas. ¿Lo siguiente qué va a ser? Acabarás llevando los consentimientos?

Una vez que la mujer se ha alejado del control, Clara responde a Adela 
.- Tú haz lo que te parezca oportuno, que yo seguiré haciendo lo que me parezca correcto.

Quién tiene razón? 
¿Ya no se puede informar y resolver dudas al paciente?
Si tanto reivindicamos que nuestro campo es la educación para la salud ¿Por qué somos tan reacias a dar más información que la estríctamente reservada a nuestras propias intervenciones?
Si tanto sabemos y tan preparadas estamos como profesionales ¿Por qué nos da miedo demostrar nuestros conocimientos?
¿Pasa esto en tu entorno?
¿Qué opinas de ello?


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