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sábado, 14 de julio de 2018

Mi primera intervención: amputación

      
      
 Después de varios días como enfermera circulante, rellenando hojas y hojas de mi libreta con toda la información a memorizar, hoy me estreno como ayudante de la instrumentista. La intervención, una amputación de miembro inferior. Mi labor, sujetar la pierna enferma . Estoy nerviosa. Antes que nada, preparo el cubo en el que debo desechar el miembro lo más cerca posible de donde voy a estar. Ya me han advertido con un "tranquila, no tienes que hacer nada difícil, lo más desagradable será cuando te quedes con la pierna amputada en las manos. Ponla en el cubo correspondiente y todo habrá pasado" Me aterra el papel que me toca, pero es momento de demostrar valentía y profesionalidad. 
      Me lavo concienzudamente imitando a la primera instrumentista. Una vez en el quirófano, la ayudo a preparar el material mientras voy memorizando el nombre de cada instrumento quirúrgico, forma, características, función y lugar en la mesa. Me asombra que no haya más que una sierra de pelo (sierra de Gigli) discreta, fina, plateada y brillante, aparentemente amable para lo que estamos a punto de hacer. 
        Se ve que tengo más experiencia filmográfica que profesional. Cuando llega el paciente y lo anestesian, colaboro en la preparación del campo. Pongo mucha atención en el proceso, capa por capa, cómo lo hacen y los instrumentos que usan. Cómo los solicitan y la manera en que la instrumentista se los entrega y prepara. Es cuando llegamos a capas más profundas cuando entro en escena y me piden que sujete la pierna. Horrorosa la sensación cuando se va despegando poco a poco del cuerpo hasta que queda el fémur completamente limpio. Entonces entra en escena la sierra de pelo. Supongo que no transcurre mucho tiempo, pero la sensación es inolvidable por lo desagradable. La pierna adquiere vida propia. Vibra y tiene tendencia a irse para los lados. Tengo que emplearme a fondo en sujetarla casi en el aire para no molestar al cirujano. Me planteo volver al gimnasio. 
     Por fin terminan y toda su atención se centra ahora en arreglar la herida y recomponer un buen muñón que de al paciente los mínimos problemas. Y ahí estoy yo, con la pierna suelta y libre en las manos. Sosteniéndola en alto con cuidado de no tocar nada. Buscando desesperadamente el cubo en el que tengo que depositarla y que misteriosamente ha desaparecido. Miro aterrada alrededor y  oigo risitas ahogadas. Ahora entiendo.

martes, 10 de abril de 2018

Supervisora con superpoderes

 
 Esta temporada me toca hacer de supervisora de tres plantas durante unos días. Cruzo los dedos.
Me vale de poco....
   Me llaman porque una enfermera se ha sentido indispuesta trabajando. El turno empezó a las 8 y son las 10. Me acerco a la planta.
   Efectivamente. la enfermera está vomitando, pálida, ojerosa y mareada. Le ofrezco ir a urgencias para que le echen un vistazo. Voy con ella. Le ponen un suero y tratamiento. La dejo en observación. Evidentemente, no puede trabajar, al menos hoy. No quiere que avise a nadie de su familia y lo respeto. Me aseguro de que está bien y tranquila y regreso rápidamente a la planta a ver cómo resuelvo que en plantilla falta una y están hasta arriba de trabajo. 
   Están atascadas. Echo una primera mano y luego voy a comprobar en carteleras si puedo llamar a alguien que esté descansando. Es una faena. Se me pone mal cuerpo sólo pensarlo. Miro en las planillas del hospital y no tengo suerte. No hay nadie de refuerzo a mayores de la que echar mano y que ya esté en el hospital. Tampoco me gusta sacar personal de otros servicios donde pudieran estar hoy más relajadas. Crea mal ambiente y es injusto, pero no me queda más remedio a estas horas. Llamar a alguien de fuera no resuelve la situación de la planta aunque me quede yo a ayudar mientras llega, y no puedo hacerlo porque hay otra incidencia esta tarde y tengo que resolverla antes de las tres. No quiero dejar el marrón a la supervisora que esté de guardia. 
   En pediatría hay pocos niños. Me acerco por allí y planteo el caso. No les hace ninguna gracia y lo entiendo. Tienen claro a quién le toca ir a suplir.
   Una vez resuelto el problema de la planta me voy a Dirección. 
 
Estoy esperando la baja por enfermedad de otra trabajadora para sustituirla en cuanto llegue el documento y la autorización. Cuando llego al despacho ya han recibido el fax con el parte médico, así que insisto a la Directora de enfermería para que me autoricen la sustitución. 
   ¡Conseguido!, Rápida y veloz como el rayo me lanzo derechita al Servicio de Personal, a la mesa de contratación. Podría dejarlo todo en manos de la burocracia, pero es mucho riesgo. Allí ya han recibido instrucciones y han empezado a llamar. Aún sin resultados. Estoy cruzando los dedos de las manos y de los pies. Estamos casi terminando el verano y no hay enfermeras disponibles. Dudo si hacer un conjuro... Vuelvo a urgencias a ver a nuestra compañera indispuesta. Se encuentra mejor, pero como ya he cubierto su ausencia, le ofrezco que se vaya a casa y descanse. Una hora después recibo un aviso de Dirección; han encontrado sustituta, les pido su nombre y su teléfono y la llamo inmediatamente. No puedo dejar a estas alturas que las cosas se resuelvan por su propio cauce. Si quiero soluciones, tengo que intervenir. Enseguida me coge el teléfono.
.- Necesito que me des el día, me suelta a bocajarro. Estoy en otra ciudad y tengo problemas para encontrar transporte. Me incorporo mañana.
.- Nooooooo, respondo desesperada. No tengo a nadie para hacer la tarde y no puedo dejar una sola enfermera con el trabajo que hay. Urge contratar a alguien para esta tarde sin falta. No puedo darte el día ¿dónde estás?
.- A 200 km
.- Bueno, no es mucho, son las 11:30. Intenta resolverlo o te van a penalizar en bolsa
.- Por eso necesito que me des el día, para que no me penalicen, por si no puedo ir
.- Imposible, has aceptado el contrato, y yo he quemado todas las posibilidades de resolver la tarde de hoy con mi gente. Tu eres la única alternativa. No te puedo dar el día, ¡necesito que vengas hoy!.
.- Lo intentaré, pero no te prometo nada
     Qué mañana más intranquilizadora! Me la paso de aquí para allá, apagando fuegos. Apenas me da tiempo a ver a mi gente en mi planta. ¡Las tengo abandonadas! Y esa sensación de que me van a dejar sin resolver..... Por dos veces intento localizar a la enfermera que está a 200 km  y no doy con ella. No se si cruzar más dedos o trenzarlos directamente.
    A las 3 menos cuarto voy a la planta. Les cuento cómo está la situación. Hay una enfermera interina que se ofrece a quedarse si por la tarde no hay sustituta. Resulta muy tranquilizador, aunque tremendamente injusto, pero le tomo la palabra porque si no se presenta la nueva enfermera, no me van a quedar recursos a los que echar mano.
   Las 3 y diez y por fin me coge el teléfono. Respiro, porque pienso que si va a a llegar un poco más tarde, yo puedo cubrir personalmente ese tiempo. Pero no. 
.- Necesito que me des el día, hasta mañana no voy a poder ir.
.- Y ¿hasta ahora no has podido avisarme? pregunto, ya enfadada
.- He intentado localizarte varias veces
.- Y si no me localizaste, ¿no se te ocurrió llamar a la mesa de contratación, a la Dirección de Enfermería, no sé, a alguien?
.- Pues no,

 No me queda más remedio que pedirle a la interina de planta que se quede. Y merece a mi juicio una compensación.
   Sin embargo,
                             .- la interina que te resuelve la papeleta, pocas veces obtiene un premio a la altura del esfuerzo realizado (14 horas seguidas en una planta de hospitalización no lo aguanta cualquiera).
                             .- la enfermera que tuvo que abandonar su planta y sus pacientes habituales en medio de su turno para cubrir una incidencia, tampoco recibirá compensación alguna.
                             .- Mi turno de hoy terminará con el trabajo bien hecho gracias a algunos y a pesar de otros, sin embargo, mi reputación se verá seriamente dañada
   Procuro acostarme pensando que hago lo que puedo lo mejor que puedo, pero a veces es difícil

lunes, 5 de marzo de 2018

Regalo envenenado

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      Cuando más tranquilos estábamos. Cuando creíamos que todo funcionaba a la perfección. Cuando fluíamos. En ese momento en que trabajábamos relajados, llegó el rumor.
La propuesta de un cambio radical que afectaría a todo el Servicio. Lo venden como un premio. Prometen que no afectará en nada y eso... me hace sospechar. Entonces ¿para qué un cambio?
Asustados, revolucionados, comentamos entre nosotros. Carecemos de información, nos falta formación. Surgen las dudas, las sospechas... acudimos a los sindicatos para que nos asesoren.
Se presentan rápido. Reparten decretos, leyes y normativa. Nos lo explican, aclaran dudas y responden a nuestras preguntas. Aportan su opinión. El sentir general es de rechazo y queremos hacer algo. ¿Qué podemos hacer?
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.- Soy enfermera. También representante sindical y miembro de la Junta de Personal de mi área de salud, órgano cuya función es la defensa de sus trabajadores. Voy a informar a mis compañeras de profesión y al resto de trabajadores de un Servicio del hospital porque me han llamado. Me he preparado bien el tema. Acudo con un compañero experto que ya ha vivido la situación en su servicio. Llevamos la normativa aplicable. Respondemos preguntas, resolvemos dudas o las apuntamos para luego buscar la información y ajustarnos a la verdad. En esta labor, que te pillen en un error se paga muy caro. Los sindicatos no están bien vistos. Los sindicalistas estamos demonizados. Nadie te quiere cerca, salvo si te necesita y en estos casos, la mayoría simplemente te tolera. En esta tarea hay muchísimo trato personal individual y de imagen con nombre y apellidos. El sindicato no abre puertas a este nivel, te da con ellas en las narices las más de las veces.
Aunque hacemos visitas rutinarias para monitorizar el hospital, esta vez acudimos porque nos han requerido expresamente. Necesitan ayuda. Información y una iniciativa que les permita defenderse de lo que se les viene encima. Se propone en primera instancia un escrito en contra de la propuesta de cambio. Habrá que firmarlo, con DNI, para presentarlo ante el Gerente e impedir que el proyecto prospere en su fase de propuesta. Para que sea efectivo, deben firmar cuantos más, mejor. Puede hacerlo cualquier trabajador del servicio, no importa su categoría profesional.
Sin embargo (aunque tristemente, según pronóstico), conseguir las firmas es un trabajo titánico, agotador y desgastante.
Paso por el servicio todos los días, un rato, con prudencia y educación. Respondo preguntas. Explico, aclaro, entrego copias de los documentos que avalan lo que digo. Dejo que las personas tomen sus decisiones y actúen según su propio criterio. Obtengo firmas con cuentagotas.
Encuentro miradas desconfiadas, trato distante, cortante y hostil algunas veces. En menos ocasiones hay motivación, ilusión, apoyo y ganas de hacer algo.
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Cada uno va a lo suyo. Parece que lo que interesa es salvar el propio terreno. Pareciera que las iniciativas conjuntas se interpretan como pérdida de derechos propios en beneficio de otros.
Llego a la conclusión, a veces, de que lo que realmente se pretende es quedarse como están, que no quieren hacer nada, que prefieren seguir igual pero que el problema desaparezca solo, que no haya sucedido nunca. Que solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, cuando las cosas están negras. No interesa si no afecta personalmente o supone un derrumbe de su tranquila vida. Cuando no sienten peligro propio, pasan. No se plantean que no hacer nada ahora puede suponer pagar caras las consecuencias en el futuro. Puede que ahora no te afecte personalmente, pero ¿acabarás pagando?
Sé con seguridad, porque me pasa constantemente, que luego dirán...
.- Mira lo que nos ha pasado y vosotros, los sindicatos, no habéis hecho nada.-

domingo, 14 de enero de 2018

Enfermera de Hospital o de Balneario?

   Trabajo en una planta como enfermera en turno rotatorio (mañanas, tardes, noches....lo que toca el día que toca, incluso fines de semana).
   Un hospital se parece en cierto modo a un Balneario. Los clientes pasan temporadas. Lo normal son pocos días; 3, 5, a veces una semana, los menos incluso más de un mes. En general suelen ser nuevos y sin experiencia previa personal, nunca hospitalizados antes en su vida o nuevos en nuestra planta, pero también los hay asiduos, pacientes que ingresan cada poco o por temporadas cada año. A estos últimos acabas conociéndolos como si fueran vecinos o parientes lejanos. Sabes cómo se llaman, lo que tienen, su trayectoria e incluso a sus familias más allegadas. Nos conocen a nosotras tanto que, si hay nuevo personal, suelen utilizar frases típicas. 
https://pixabay.com/es/%C3%A1ngel-de-la-guarda-m%C3%A9dico-de-salud-2704181/
Foto: Pixabay.com Sathish_artisanz
.- Vd es nueva!!
.- Nueva, nueva, ya llevo unos años trabajando como enfermera!
.- Yo no la conozco ni la he visto nunca. Es la primera vez que la veo por aquí.
(sufren de "hospitalitis" y cuando ingresan te dan un cursillo acelerado de cómo se hacen las cosas en la planta)
.- Aquí ponen el suero de esta manera...,  y dan las pastillas así, y curan asá, y colocan esto o aquello de tal manera... usted es nueva porque las de esta planta ya saben cómo hay que hacer las cosas...y tú no las haces igual... etcétera, etcétera, etcétera.
   
   Solemos repartirnos la sala entre las que coincidimos en turno, y procuramos hacerlo de tal forma que en turnos consecutivos coincida que te hagas cargo de pacientes que ya conoces, aunque reconozco que es dificilísimo y pasa pocas veces.

   Es curioso el ir y venir de los familiares.
  Hay pacientes que tienen el mismo familiar; cónyuge/pareja, hijo/hija, cuidador o padre/madre. Los hay que pasan el ingreso solos y los que cada día tienen un acompañante distinto.
  En general suponen mayor desafío los familiares (de visita) que los cuidadores (familiares o no) y la diferencia entre unos y otros es que los primeros van de expertos (ignorantes) haciendo el papel de responsables preocupados, mientras que los segundos son responsables, expertos y preocupados. Entre los que simulan ser responsables, los más conflictivos son el tipo de familiar de fin de semana:

 
https://pixabay.com/es/venecia-turismo-italia-arquitectura-1315358/
Foto: Pixabay.com Somo_Photography
  Los fines de semana la planta deja de parecer un balneario para transformarse en el pasillo transitado de un activo centro comercial.
      Por lo general, los acompañantes de fin de semana son parientes que apenas visitan al paciente cuando está sano en casa, pero que cuando está hospitalizado se ven obligados a recuperar el tiempo perdido simulando con gran ruido que están muy preocupados o que sienten mucho afecto por ellos. Tales conductas se magnifican los fines de semana, cuando los que llegan a hacerse cargo del paciente les viene grande el papel, no saben cómo enfrentarlo y pagan su frustración con el personal de enfermería. 
   .- ¿Qué es lo que le pasa? ¿Qué pruebas le han hecho? ¿Por qué no le dan el alta? ¿Es grave? ¿Cuándo pasa el médico? ¿Aquí no informa nadie?..... ¿Qué clase de comida es esta? ...
.- Oiga!!!, no le gusta este pescado, cámbielo por un filete, tampoco le gusta la pera, tráigame un yogur...
.- ¿Cuándo van a levantarle al sofa? ¿cuándo piensan acostarle? ¿Por qué tarda tanto en atendernos? ¿Es que nadie nos va a hacer caso? ¡que ya está cansado!
.- Haz el favor niña, que tiene el pañal sucio ¿le vas a tener así toda la mañana/tarde? Sí, sí, que ya se que acaban de ponérsele, pero lo ha manchado y se lo tienes que cambiar. 
.- ¡Desde luego, no tenéis humanidad! Y yo pagándote el sueldo con mis impuestos...
   En la mayoría de estos casos, ante estas conductas, el paciente nos mira con cara avergonzada, como pidiendo disculpas.
    También los hay que vienen con los niños, y en el pasillo forman unos corrillos la mar de animados. Lástima que les moleste tanto que les pidamos silencio o que les ofenda que les indiquemos que un Hospital no es lugar para un menor sano, que puede coger cualquier cosa. Lástima porque la mayor parte de las veces casi les agradecemos que nos impidan el paso, que estén permanentemente en medio cuando tenemos prisa o nos interrumpan cuando el tiempo nos apremia... sólo por ver cómo su familiar se alegra de verles.
      Otros pasan de su pariente y se dedican a hablar con el familiar del paciente de al lado o con el paciente de al lado...
      En fin, que también da alegría que llegue el lunes, se acabe el fin de semana, las vacaciones, las fiestas o el puente y volver a la rutina.

martes, 1 de agosto de 2017

Noches de verano

         
Como todos los veranos, en mi hospital cierran camas.
    .- ¡Ay perdón, no cierran, reorganizan!
       Justificación hay. El índice de ocupación ha disminuido y como el personal tiene la costumbre de disfrutar vacaciones... para ser eficientes y disminuir el gasto, se reorganiza de forma que los pacientes estén más juntitos y podamos atenderles mejor. Así no hay plantas con pocos pacientes sino que están muy bien aprovechadas.
     Sin embargo, la dotación de personal en los servicios sí disminuye. Desde que empezaron las vacaciones, todas mis noches las he pasado sola, solita, sola. Bueno, miento, que me ha hecho muchísima compañía una auxiliar de enfermería o TCAE y si no fuera por ella, yo no habría podido llorar acompañada, que hubiera llorado sola, solita, sola.
       Y esto tampoco es culpa de la Gerencia ni de la Dirección, ¡pobrecitos!. La culpa la tienen las enfermeras, que se van de vacaciones todas a la vez, que además tienen muchos días libres por ser ya mayorcitas y también porque se ponen malitas y tienen incidencias justo cuando más falta hacen (obsérvese que todo es #ironía, lo aclaro por si acaso)
          Esta de hoy ha sido una de esas noches que he pasado sola, solita, sola, bueno no, en compañía de una entregada y explotada auxiliar de enfermería.
          La planta casi llena (que quedaban cuatro camas libres), en total 27 pacientes. Llego, como siempre, unos 15 minutos antes, (para que las compañeras de tarde me den el cambio y se vayan a descansar a una hora prudente, siempre más tarde de la hora de salida).
       Una vez me han puesto al día, me leo por encima y rápidamente, las historias y me hago una pequeña guía con el listado de los que vamos a pasar la noche juntitos. (18 de medicina interna, 3 de trauma, 4 de cirugía y 2 de urología, es lo que tienen las reorganizaciones, que obligan a la enfermería a estar muy actualizada #ironía también)
 Eso me lleva una media hora larga más.
        Alrededor de las 23 hacemos una tournée por la planta.
Saludo, doy las buenas noches, pongo cara a mis pacientes y escucho en la medida de lo posible a enfermos y familiares. A veces parece inevitable un .- ¿qué tal pasó el día?  y no me diga mal que me destroza el cronograma!.-  Porque si me descuido y doy palique, no me da tiempo a cumplir con las mínimas tareas. Y aún así, ya he escrito unas cuantas solicitudes de pacientes por resolver en el turno. Así que... rauda y veloz me pongo a preparar medicación.
      Cruzo los dedos para que no me falten pastillas, porque tendré que andar llamando a otras plantas para pedir que las busquen enfermeras que están en la misma situación que yo (solas, solitas, solas). Y si dicen que sí las tienen, además tendremos que dar el paseo para ir por ellas (que me encanta pasear, pero me estropea el planning horario apretadísimo y no me da la noche para tanto)        
     ¡¡¡No me enrollo!!!,
porque cuando termino de preparar la medicación ya tenía que haber empezado a poner los tratamientos de las 24 horas y la libreta de notitas con requerimientos sigue creciendo.
¡Empieza la carrera!
        Mi compañera se ha dedicado a contestar timbres, poner y quitar bacinillas, acostar pacientes, cambiar pañales y ayudarme a resolver requerimientos que eran de mi campo. Si no fuera por ella, empezaría a las 2 a poner la medicación de las 24. 
        Ya en el primer pase, hemos observado al paciente de la habitación 16 nervioso y agitado. Es mayor, él está desorientado y su hija muy ansiosa. Tal como sospechábamos, pasa la noche sin dormir, alborotado, y gritando incoherencias. A las 2 aviso al médico de guardia, porque mal que él no descanse, pero es que tampoco deja dormir a los demás pacientes, revoluciona toda la planta y su hija va alterándose cada vez más.
       En mi experiencia, que no es poca, ya sé que cualquier solución del médico de guardia será poco efectiva esta noche. Sin embargo surtirá efecto durante la mañana y la tarde del día siguiente, que las pasará, con toda probabilidad, dormido.
    Me armo de paciencia, respiro profundo y enfrento todas las tareas con mi mejor sonrisa.

No cuento las veces que voy a ver al paciente y a su hija durante la noche:
.- Cada vez que llaman
.- Y tengo que volver con lo que me han pedido
.- Las que me asomo cuando me pilla de paso.
.- Dos veces que se ha arrancado la vía venosa
.- Y otras dos para canalizarla.
.- Dos a convencerle de que no se quite el oxígeno (tarea imposible de la que acabamos desistiendo a petición del familiar).
.- Una para tranquilizar a la hija del paciente, a la que ofrezco una tila, se la hago y
.- Vuelvo para llevársela.....
       A todo esto añadir que durante la noche tenemos tres ingresos; a las 3:00, a las 5:00 y a las 6:30, que también me llevan tiempo, y procuro darme prisa, porque el tiempo es oro, los recién llegados querrán descansar del ajetreo de urgencias y yo tengo un montón de cosas que hacer simultáneamente.
       
     Como era mi deber, llamé a la supervisora a las tantas. Para que constatara la situación de la planta en el libro de incidencias suyo, que pusiera que estaba sola y que no me mandaba a nadie porque no hay enfermeras disponibles. .- Que si realmente la necesitas, tengo que sacarla de otro servicio para que venga a ayudarte (sólo pensar la cara que me pondrá y si además tengo que enseñarla....)Y delante tengo a la supervisora que me mira y parece que me dice (total, mujer, tú con esto puedes)
         Y como es habitual, termino la noche sin más desgracias que lamentar que el lamentable estado de esta que suscribe y su imprescindible y valiosísima auxiliar, (que sin duda evitó que me arrojara por la ventana del botiquín en varios momentos de la noche)
       Cuando salgo por el pasillo, con el moñete hecho un desastre, me llama la hija de Francisco, el paciente desorientado de la 16. Enfadada, me increpa:
              .- Mi padre ha pasado muy mala noche y usted no le ha hecho ni caso. 
              .- Sepa que se lo voy a decir al médico.
      Juro que fui a la habitación pensando que me iba a agradecer el tiempo que le he dedicado y lo que me he preocupado. Y casi le respondo 
            - Es mi trabajo, no tiene Vd. que agradecerme nada.-
Menos mal que reaccioné a tiempo y contesté pausada:
            .- Piense en lo que ha pasado durante la noche, las veces que he venido a atenderles a él y a usted y tenga en cuenta que éramos dos profesionales para 30 pacientes (tuve tres ingresos).

        Y me voy a casa  DERROTADA, AGOTADA, RENDIDA, DECEPCIONADA y pensando:

.- ¿no se percibe en la atención el esfuerzo titánico que hacemos por mantener la calidad a pesar de la sobrecarga?
LA RESPUESTA ES      ¡¡NO!!
.- ¿siguen los pacientes y sus familiares pensando que si la enfermera se porta mal la castigará el médico?.-
LA RESPUESTA ES      ¡¡SÍ!!

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