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lunes, 14 de julio de 2014

Yo traduzco informes médicos

Casi todos los días, al final de la jornada, hay algún alta. Parecerá que eso a las enfermeras nos beneficia... Bueno, pues, sí, claro, siempre nos alegramos por los pacientes cuando se van a su casa por mejoría. Hemos convivido con ellos unos días, al lado de su dolor, su malestar, su miedo… 
El alta es un momento emotivo, aunque el ingreso haya durado poco. Es una pequeña despedida. Pero también va acompañada de tareas que incrementan la carga asistencial. Empezando porque, antes de que se haya marchado, ya tenemos presiones para un nuevo reingreso en la plaza vacante (esto está más reñido que las oposiciones). Pero no quiero hablaros de eso. Así que, me centro.
     Cuando el paciente se va de alta, uno de los requisitos imprescindibles y de derecho es, que se lleve el informe de alta. Enfermería, que estamos a su lado constantemente, realizamos un informe, lo más detallado posible, de lo que ha sido su evolución y de los cuidados que deberá seguir mientras dure su convalecencia.
El informe tiene un doble destino: 
Una copia se remite al enfermero de Primaria, que desde el Centro de Salud, continuará con los cuidados  y se ocupará de nuestro paciente y de lo que pudiera precisar. 
La otra copia es para el paciente, que tendrá prueba escrita para consultar y utilizar cuando precise. 
También el médico hace lo mismo. Solo que este informe será un informe médico, que versará sobre la enfermedad que le llevó a ingresar; la patología, pruebas realizadas y tratamiento prescrito a seguir en el domicilio. 
Cada profesional, hace su propio informe, que complementa pero no sustituye al de otra categoría profesional.

Clara es enfermera y trabaja en turno rotatorio. Hoy está de mañana y uno de los pacientes que ella lleva, se va de alta. Añade a sus tareas la de retirar el catéter venoso, cambiar apósitos, hacer curas, y redactar el informe de alta de enfermería para entregar al paciente y también remitir al centro de salud correspondiente. Una vez redactado, se lo entrega y, junto con el familiar más allegado (cuidador principal) repasan el documento para asegurarse que todo está entendido y no hay dudas.
Una vez en el control, pone al día la historia electrónica. Es un trabajo tedioso y requiere de concentración, porque el programa es nuevo y aún no lo domina como quisiera. En ese momento, Clara está compartiendo mesa con la enfermera del turno fijo de mañana, Adela. 
Suenan dos toques de nudillos discretos, sobre la barra del control.
.- Disculpe, Clara.- Se trata del familiar del paciente del alta.

.-Mi auscultación inicial sugiere la presencia de la enfermedad
de Basedow... Pero la adenitis, el exceso de bilis y la anquilosis
apuntan a una situación provocada por alérgenos
.- sonría, le explicaré todo cuando se marche el médico

.- Dígame! ¿Qué necesita?

.- Verá, su compañera nos ha traído un sobre con el informe del médico. La verdad es que no entendemos nada y queríamos hacerle unas preguntas ¿Podría usted explicárnoslo?

.- De ninguna manera.- salta Adela. - Como bien ha dicho, el informe es médico. Pregunte al médico.

.- Por supuesto que sí.-interrumpe Clara.- No haga caso a mi compañera, que es muy guasona. Permítame terminar lo que estoy haciendo y en unos minutos me acerco y lo vemos.

.- Muchísimas gracias.- Responde, sinceramente agradecida, la mujer.

La mujer se da la vuelta satisfecha y suena la estridente y agresiva voz de Adela.

.- Pero tú qué tienes que explicar del informe médico? Eso no es cosa nuestra. Sólo faltaba. Pues no te parece que somos ya suficientemente criadas, como para entregar sus informes y explicarlos. Además, te advierto, que estás metiéndote en un campo que no es tuyo y vas a tener problemas. ¿Lo siguiente qué va a ser? Acabarás llevando los consentimientos?

Una vez que la mujer se ha alejado del control, Clara responde a Adela 
.- Tú haz lo que te parezca oportuno, que yo seguiré haciendo lo que me parezca correcto.

Quién tiene razón? 
¿Ya no se puede informar y resolver dudas al paciente?
Si tanto reivindicamos que nuestro campo es la educación para la salud ¿Por qué somos tan reacias a dar más información que la estríctamente reservada a nuestras propias intervenciones?
Si tanto sabemos y tan preparadas estamos como profesionales ¿Por qué nos da miedo demostrar nuestros conocimientos?
¿Pasa esto en tu entorno?
¿Qué opinas de ello?


domingo, 6 de julio de 2014

@LolaMont: Donar en vida

Mi personal visión de tu maravillosa gesta

En un momento de tu vida mágico, eliges y te elige quién deseas que sea “tu persona” “tu alter ego” “tu ser querido” “tu pareja”. 
Y será quien llene tu vida de momentos compartidos, de luchas a medias, será quien haga que la vida, ya no la vivas en soledad, sino en compañía. 
Así le pasó a Lola, hasta que, una enfermedad (terrible enemigo, durísima prueba) le puso en una situación de difícil decisión.

Dos hijos a medias, pequeños. Un marido, un padre que necesita un trasplante para seguir adelante. 
La vía normal no parece ofrecer solución en un plazo deseable. Corren el riesgo de perderle. 
Puede haber una alternativa, pero tomar la decisión requiere un valor, un riesgo, y una humanidad excepcionales. 
Lola puede ser donante en vivo y “jugársela” para “intentar” salvar a su mitad. Muchas preguntas en el camino.
Donar en vivo un riñón no es tontería. Te quedas con uno para ti. Aunque sea perfectamente compatible con una vida “normal”, no será tan “normal”. Habrá que cuidarse. 
Ánimo Lola
Vamos a por todas!
Y ¿si en el transcurso de la vida alguno de mis hijos necesita un riñón? Ya no tendré para darle a nadie más. Al menos, no mientras siga viva. 
Eso añadiendo que, siendo ella el soporte de todos, entrará en situación de vulnerabilidad. Debe reponerse pronto para seguir sosteniendo. 
Sumemos las presiones de algunos familiares y amigos, que la tachan de “loca”. El sacrificio y el riesgo no es entendible por todos. 
Pero lo tiene claro. Quiere a su mitad cerca de ella muchos años. Quiere regalar a sus hijos más años con su padre. 
Y reza porque esos años se conviertan en la suma de días de risas, abrazos y vivencias intensas sin tantos riesgos ni tantos cuidados.

Gracias, Lola. Gracias por contarlo, por hacernos partícipes, por recordarnos lo frágil que es la vida, lo bonito que es afrontarla en compañía y lo importante que es estar dispuesto a sacrificarse, a arriesgar para conseguir lo que se desea. 
Mis más sinceras disculpas por interpretar sin tu permiso, mi propia "tu historia". Pero no pude ni supe resistirme.
Sin tu experiencia, muchos no habríamos reparado en ello. Te deseo toda la suerte del mundo, porque te mereces conseguir todo lo que te propongas.


SI QUIERES SABER MÁS:


martes, 1 de julio de 2014

Liberar emociones: Déjame llorar

Mi paciente llevaba ya un mes agonizando. Noventa años. Terminal. El final esperado. Su corazón se pararía en cualquier momento.
Desde su ingreso, estuvo acompañado de su hijo. Se veía que habían forjado una bonita y estrecha relación. El hombre cuidaba a su padre como si fuera un niño, el niño de sus ojos. Y le hablaba constantemente, aunque mi paciente probablemente, ni oía ni era ya capaz de procesar las palabras. Sufría Alzheimer muy avanzado.

Cuando llegó el momento de la muerte, su hijo se mantuvo firme y entero hasta el último minuto. Acompañó a su padre hasta las mismas puertas de la muerte. Le sostuvo la mano, le habló
dulcemente y nos avisó cuando sospechó que su padre había fallecido. Cuando acudimos, sólo quedaba confirmar el hecho. No respiraba. No había pulso. Hicimos un electro porque es lo que marca el protocolo. Pero cuando nos avisó, hasta los rasgos y el color de la piel del anciano, advertían de lo sucedido.
Cuando nos llamó estaba tranquilo, resignado a lo inevitable, como aliviado. Sin embargo, cuando salimos de la habitación y avisamos al médico, no pudo más. Se abrazó a mí y comenzó a llorar desconsolado y roto.

En un primer momento, mi reflejo fue decir .- No llores, tranquilo.- Pero me callé a tiempo.
Recordé lo que había leído al respecto. Los cursos de “relación de ayuda” que había hecho. Mi experiencia en su lugar, mi experiencia como enfermera.

Y me callé. Permanecí en silencio, dejando que me abrazara, dándo tiempo y permiso para que expresara sus emociones en un ambiente tranquilo, seguro, libre de críticas y de frenos.
Dejar que fluyeran las emociones. Liberarlas, sin dejar que la desesperación nos invada.

      Recuerdo que, cuando murió mi padre, mi madre me dijo 
.- hija mia, la desesperación es como un gas. no dejes ni una pequeña rendija por la que pueda entrar, porque antes de que te des cuenta, te habrá invadido y será muy difícil deshacerse de ella.- 
Es bueno liberar emoción, pero sin descontrol.


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domingo, 15 de junio de 2014

¡Dale masaje cardíaco tu, rápido!

by GaborfromHungary www.morgueFile.com
Soy celador desde hace muchos años. Trabajo en un hospital. Me gusta el entorno sanitario, el contacto con la gente, con otros profesionales, con mis compañeros y con los pacientes y sus familias.
No soy enfermero, ni auxiliar de clínica (o TCAE, como se denominan ahora), tampoco soy médico. Soy celador y estoy orgulloso de serlo. Me gusta mi trabajo y trato de desarrollarlo de la mejor manera posible.
Hace tiempo me apunté a un curso de RCP básica organizado por el Hospital. Me pareció imprescindible para cualquier persona. Mucho más dentro del ámbito hospitalario. Aunque durante mucho tiempo no precisé poner en práctica los conocimientos adquiridos, volví a hacer el curso más tarde, por eso de refrescar lo aprendido.
Desde hace tiempo trabajo en una unidad de Radiodiagnóstico. Hoy he estado en el escáner. He trasladado a un chaval de menos de 30 años. No saben qué tiene, pero está inconsciente e inestable. En el traslado llevamos todo el aparataje sobre la cama, más un maletín, y no sé cuantas cosas más.  El personal anda nervioso revoloteando a su alrededor. Me acompañan la enfermera y el internista. Una vez en el escáner, no me muevo hasta que no me digan. Por si me necesitan. Hemos pasado al paciente a la camilla y ...en ese momento el muchacho entró en parada cardiorespiratoria.
Ver un chaval tan jóven en situación tan vulnerable es siempre muy duro. Se te ponen las piernas de goma y te cuesta tomar aire. 
Alrededor del paciente, cuatro mujeres. Una internista, dos enfermeras y una auxiliar. La doctora inició masaje cardíaco casi inmediatamente. Me fijé en cómo lo hacía y recordé lo que había aprendido en el curso. Mientras, daba órdenes a las enfermeras, que cumplían solícitas y eficaces todas las órdenes. A veces incluso antes de que terminaran de dárselas. La auxiliar de enfermería estaba siempre disponible para todo lo que cualquiera de los otros tres profesionales precisaran.  
Dentro de lo caótico que pudiera parecer la situación frenética, se observaba una perfecta coordinación entre profesionales. Yo permanecía a un lado, sin molestar, pero atento a lo que pudiera hacer por ayudar.
.- Alejandro! ¡Trae el desfibrilador!
by pedrojperez www.morgueFile.com
.- Alejandro! ¡Cúrsame esta analítica!
Pasa el tiempo y no hay actividad cardíaca. La doctora muestra signos de cansancio. El muchacho no reacciona. El corazón sigue sin funcionar.
.- Alejandro! ¿Sabes dar masaje cardíaco?
.- .- respondo sin pensar.
.- Pues sigue tu.
Y allí que voy. Me pongo a ello. Nervioso, emocionado, agradecido por poder ayudar. Repaso mentalmente la técnica. Recuerdo todo lo aprendido.
Tras 45 minutos de masaje cardíaco, tratamiento, atenciones, actuaciones y unos cuantos chispazos con el desfibrilador, el corazón del muchacho vuelve a funcionar.
.- ¡Muy bien Alejandro!.- me dice el jefe de servicio al día siguiente.- Y yo me siento orgulloso.
Y parece que estas cosas tienen tendencia a repetirse, porque menos de un mes después, me encuentro en una situación parecida.
Esta vez me toca uci. Ya estoy acostumbrado porque he estado muchas veces aquí. Las mañanas son intensas y esta promete...
Una mujer de 70 años, ingresada hace unos días, entra en parada. Alrededor de ella 3 mujeres. Una internista (la misma de la vez anterior, la que me encontré en rayos), una enfermera y una auxiliar de enfermería.
.- Alejandro! Empieza con el masaje cardíaco.
.- ¿Yo? .- pregunto.- ¿Lo hago yo? Pero si soy el celador!
.- SÍ, Tú.- me ordena. .- Rápido!
Y lo hice. Como siempre, lo mejor que pude y lo mejor que sé. Pero…
Creo que me eligieron porque soy hombre, estoy en buena forma y tengo más resistencia. Sí, es cierto que tengo un curso de RCP, pero, soy celador y estoy en un Centro Hospitalario, en un Servicio Especial, en Cuidados Intensivos. No me niego a hacer técnicas como esta, pero me preocupan algunas cuestiones.
.- ¿Puede ser intrusismo?
.- ¿Estoy haciendo funciones para las que no estoy cualificado?

.- Y si estoy cualificado porque tengo un título de un curso que hice, habiendo profesionales con mejor capacitación académica ¿Soy yo el indicado para llevar a cabo la reanimación?

domingo, 1 de junio de 2014

¿Alguna vez has sentido miedo en tu trabajo diario?


Raúl:
Siempre, desde las prácticas, amé esta profesión y me encantó ir a trabajar.
Durante unos años trabajé en una unidad de agudos de psiquiatría. Una temporada tuvimos un paciente con falta de autocontrol y altos niveles de agresividad. Había que tratarle con mucho cuidado porque cualquier cosa le alteraba y dirigía su ira contra el sanitario más cercano. Tuve que aprender defensa personal y pasé miedo. Me costaba ir a trabajar. Tenía ganas de acabar el turno. Deseaba con todas mis fuerzas que el paciente fuera sedado o que el tratamiento le hiciera efecto pronto y se tranquilizara.
Soy un profesional con responsabilidad y afronté mi tarea como mejor pude sin faltar a mis obligaciones. Como enfermero, estoy siempre cerca de mis pacientes. Me preocupo por ellos, no sólo por su patología, también me interesan otras necesidades que puedan tener. Por eso, necesito tener un contacto directo. Conocer a mis pacientes, hablar con ellos, establecer contacto físico y visual. Sólo así podré valorar, planificar, atender ,evaluar y cuidar de la mejor de las formas.Pero cuando le trataba, tenía miedo, sentía terror. Incluso en casa, por la noche, tenía pesadillas.

Vicky:
Yo también soy enfermera. No he trabajado en psiquiatría, sino en neurología. Alguna vez viví algo parecido.
En cierta ocasión ingresaron a un chico que había sufrido un accidente de tráfico. Los primeros días fueron muy duros. Yo estaba de noche y el muchacho estaba muy agitado. Por lo visto, durante el día estaba tranquilo. Yo creo que tenía el sueño cambiado y dormía durante el día. Hubo que colocarle contención mecánica más de una noche, porque nos intentaba agredir a nosotros y a su madre. A veces gritaba insultos y palabrotas que se oían en toda la planta. Con aquella voz grave, cargada de ira, tales tacos y amenazas, a las 3 de la mañana y en una planta en silencio, el efecto era nefasto. Recuerdo que, cuando tenía que ir a aquella habitación, y enfrentarme a mi paciente, y a su madre, se me erizaba el vello de la nuca, se me aceleraba el corazón, y debía sacar valor de donde podía.
Cuando él gritaba, sonaban timbres de todas las habitaciones. Los demás pacientes no entendían, también tenían miedo como yo y yo tenía que tranquilizarles. Había que llamar al médico de guardia y explicarle la situación. “O trasladaban al paciente a un lugar más adecuado, o había que medicarle”. El médico de guardia se veía obligado a sedar al paciente. Otras veces no, como no vivía la situación en su persona, algún médico me dijo que no consideraba que debiera añadir al tratamiento nada y allí nos dejaba, al resto de los pacientes, a los sanitarios y a la madre del chico aterrorizados y sin saber qué hacer. Y el paciente sufriendo. Menos mal que aquello no duró mucho. Pero recuerdo claramente el miedo que sentí aquellos días.

Ana:
Yo trabajo en una consulta y no hace mucho, una paciente se puso agresiva. Era una mujer de unos 50 años. Llevaba tiempo esperando a que le tocara el turno de consulta. Cada vez estaba más nerviosa y preguntaba cuándo la tocaría a ella.
Yo me ocupé en averiguarlo, a pesar de que mi consulta de enfermería es independiente de la del médico y ella tenía cíta para el facultativo. Y procuré explicárselo amablemente, aunque era difícil porque su conducta era prepotente y subida de tono. Su médico llevaba mucho retraso porque había tenido varias incidencias. Entre otros motivos, tenía asignada media consulta a mayores de otro compañero que no había ido a trabajar por encontrarse enfermo.
En determinado momento salí a la sala de espera y creo que me tocó porque fui yo quien salí. Se abalanzó sobre mí, me insultó delante de todos, me llamó de todo. Creí que me pegaría. Menos mal que otros pacientes actuaron de mediadores y trataron de tranquilizarle. Acabamos en denuncia. Prosperó y me dieron la razón. Pero eso es casi lo de menos. El susto te lo llevas. Y no se te pasa tan fácil. A veces hay situaciones que me lo recuerdan.

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Hace muy poco un suceso ha hecho temblar a todos los sanitarios en Palencia. Una psicóloga del Centro de San Juan de Dios muere apuñalada brutalmente por una paciente. Los datos del suceso son estremecedores. Aquí un enlace a la noticia.

En estos casos, como sanitario, uno escucha muchos comentarios... pero
¿En algunos servicios está sobreentendido el riesgo?  (prisiones, unidades de custodia, psiquiatría, urgencias…)
¿Debe asumirse este riesgo según el tipo o centro de trabajo?
¿Qué piensan las familias de los sanitarios?
¿Se notifican todas las situaciones de agresión?
¿Sabemos reaccionar para evitarlas?


¿Son hechos aislados? Aparecemos en las noticias muchas veces


jueves, 15 de mayo de 2014

De vacaciones, también "soy enfermera"


Reloj astronómico de Praga

Estábamos de fin de semana de vacaciones en Praga. Mi hermano, mi madre y yo. Paseábamos por un mercado y observábamos los puestos y el trajín de la gente. Habíamos comido en un restaurante precioso y regresábamos al hotel caminando sin prisa. Mi hermano iba algo adelantado y pretendíamos cruzar una calle, así que mi madre y yo, esperamos cogidas de la mano a que él nos indicara que podíamos cruzar.

Casi ni me di cuenta de cómo pasó. Pero justo delante de mi hermano, aprecié a distinguir un cuerpo que caía pesadamente hacia adelante. Enseguida trató de levantarse y fue cuando vi la calle adoquinada salpicada de gotas de sangre. Procedía de la frente del paisano y fluía lenta y constante cayendo sobre sus ojos, su nariz y salpicando la calle. Se llevó la mano a la cabeza mientras trataba de levantarse torpemente. Mi hermano se había abalanzado sobre él y le cogía de los brazos tratando de ayudarle. Solté a mi madre y saqué unos pañuelos de papel. Como suponía, tenía una brecha importante, (“un siete” como dirían las costureras) justo en el nacimiento del pelo, de unos 4 cm y en ángulo recto. Esa zona es muy escandalosa porque está muy vascularizada. Aparentemente no revestía gravedad, pero debería ser tratada en un centro sanitario. Necesitaría puntos y comprobar estado vacunal.
Al principio me pareció que el herido estaba desorientado. Era un varón de unos 65 años. Se mostraba nervioso y trataba de apartarme. Luego me di cuenta de que tenía Párkinson y los nervios aumentaban su inestabilidad y su temblor.

     .- ¿Qué hacemos? .- me preguntó mi hermano muy nervioso mientras me suministraba pañuelitos de papel.
     .- Ayúdame a sentarle y acércate a alguna tienda a ver si consigues que alguien llame a una ambulancia.

Poco a poco el paciente se fue calmando y confiando en mi. No hablaba español ni inglés. Sólo checo. Y yo de checo, pues na de na, así que nos entendimos por el lenguaje universal de la mímica, los gestos, la mirada amable y el tono suave y calmado. Sólo alcancé a entenderle cuando me preguntó si era italiana.
     .- Española, respondí.
     .- Ahh!!.- exclamó.
Plaza de la Ciudad Vieja de Praga

Se acercaron tres hombres. También nativos de Praga (solo hablaban checo). Muy solícitos. Sucios y desarrapados, pero me traían paquetes de cleanex y resultaba obvio que querían ayudar. Y lo conseguían,  hablaban de vez en cuando con el herido y tranquilizándole.

Mi hermano regresó con noticias:
     .- He conseguido que en el restaurante de la esquina llamen a una ambulancia. Me han dicho que tardará unos 10 minutos.- Voy a ayudarte a mantenerle sentado. Con esa agitación se va a caer del banco.
Era cierto. Con el temblor, se iba escurriendo del asiento y yo casi ni me daba cuenta.
Llegó una joven muy amable. Hablaba inglés y fue más fácil entendernos con ella. Era médico en prácticas, nos explicó. Le dije que era enfermera y españoles haciendo turismo.
     .- Yo me hago cargo hasta que llegue la ambulancia.- se ofreció.- Ustedes sigan disfrutando de sus vacaciones.
     .- Muchas gracias, respondí. No importa. Esperaremos.

No le dije que, como enfermera, no puedo irme sin más, que sigo el caso hasta el final y que no puedo marcharse sin confirmar que mi paciente está seguro y a salvo. Y no es que desconfiara de la muchacha. Es sentido de la responsabilidad, priorización, celo profesional y que yo creo que las enfermeras españolas somos así.

La ambulancia no tardó en llegar. En cuanto comprobaron que no entendíamos su idioma, se enzarzaron en una conversación muy animada con el herido, la médico y también se acercaron los tres indigentes tan amables y que tanto se habían preocupado por ayudar. Cogieron al hombre para llevárselo, entonces él se dió la vuelta y nos dió las gracias, pero por si no nos habíamos enterado, gritó ¡Viva España! y mi hermano y yo respondimos ¡VIVA!

Qué curioso. Justo al lado de un mercado. Una hora muy concurrida. Mucho extranjero de vacaciones, pero también nativos. Luego me di cuenta de que, mientras atendíamos al accidentado, la gente literalmente “pasaba del tema”, nos eludían y se apartaban. Sólo tres indigentes, tres hombres pobres, vendedores de pañuelos de papel, se acercaron a ayudar y nos ofrecieron lo que tenían.

Os dejo un vídeo “Experimento social ayuda en problemas” 
Os recomiendo que lo veáis. Dura poquito, poco más de 2 minutos y no te deja indiferente. 
Lo curioso es que se realiza en una plaza de Praga. 
¿Es extrapolable el resultado a cualquier país?


Curioso, ¿verdad? ¿Te atreves a opinar?

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