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jueves, 1 de octubre de 2015

El encanto tóxico de la #Enfermería: La Gaseosa

     

      Estaba trabajando en planta en el Hospital, cuando a media tarde vi la oportunidad de sentarme cinco minutos y desconectar un rato. Saqué el teléfono del bolso y comprobé los mensajes. Tenía un mensaje directo en twitter. ¿Quién sería? Entré a ver.
      Un gurú de las redes sociales me preguntaba.
.- Disculpa mi osadía. He visto que en el Colegio de tu provincia se han convocado elecciones y proclamado una única candidatura de forma presuntamente clandestina y con plazos que parecen impedir la competencia. ¿Podrías ampliarme la información? ¿Se os ha notificado de alguna manera?
      Me sorprendió. Llevo muchos años en la ciudad. Trabajando y colegiada. Soy de las que leo correos y notificaciones. Me saltan en el móvil y lo compruebo varias veces al día. Encuentro cierto placer en leer todo lo relacionado con mi profesión y los correos del Colegio entran dentro de los que reviso cuidadosamente. Repasé los mensajes en el móvil. No tenía nada.
      Aunque no soy amiga de responder inmediatamente y en caliente, le devolví el saludo:
.- No recuerdo haber recibido nada. El tema me pilla de sorpresa. Indago y te cuento.
       Ya estaba nerviosa. Pregunté a la compañera de turno si ella sabía algo. 
.- ¿Qué dices? Ni idea de lo que me hablas.- me respondió.


      Cuando llegué a casa y tuve un rato de tranquilidad, repasé todo el correo de papel recibido en casa. Nada! Encendí el ordenador y entré en mi correo electrónico. Repasé todos los emails recibidos. Hice una búsqueda por todos los relacionados. Nada!   Entré en la web del colegio y tampoco vi nada colgado. Revisé portada y página de inicio de arriba abajo pero no encontré ninguna noticia, ni siquiera relacionada. Sin embargo, estaba segura que el aviso por twitter era cierto. Si esa persona sabía algo, debía haber algo. Usé el buscador de la web e introduje la palabra "elecciones convocatoria" y me saltaron varios pdf archivados en la web como documentos. Volví a releer todas las páginas de la web. No había anuncio, noticia ni notificador en ninguna parte. 
      Descargué los documentos. Cuando los leí, me quedé asombrada. En ellos se expresaba claramente que, hacía un más de un mes se habían convocado elecciones. Que se había presentado una única candidatura hacía más de 15 días y que se había terminado el plazo para presentar otras nuevas. Para más "bemoles", las elecciones se celebrarían en una semana!. 
      Elaboré un correo electrónico muy educado solicitando información a todos mis contactos profesionales de la ciudad, susceptibles de estar colegiados.  Les comentaba la situación y les preguntaba si estaban al tanto y en caso afirmativo cómo se habían enterado, si habían tenido algún tipo de notificación por parte del Colegio. 
      Uno a uno, todos me fueron respondiendo que no sabían nada, que se enteraban de la noticia por mí. Una sola persona, a los dos días respondió que no lo sabía pero que había comprobado la web tras recibir mi mail y había visto el anuncio de elecciones colgado. 
      ¡Qué raro! pensé y entré a comprobarlo. Efectivamente. Una reseña pequeñita, al final de la página de inicio. Era nuevo, de eso estaba segura.
       Como no me tocaba descanso, aproveché los dos días siguientes de trabajo para ir un poco antes y salir más tarde aprovechando esos tiempos para visitar otras plantas y unidades y preguntar a los que estaban de turno. Nadie, nadie, ni una sola persona sabía nada. Y, aunque algunos reaccionaron indignados, toda la indignación quedó en los pasillos y en las salitas de estar. 

      Hablamos de lo que deberíamos hacer pero nadie está dispuesto a hacer nada.

      También lo comenté en el sindicato donde me dijeron que, de no solicitarlo ningún afiliado no iban a hacer nada porque tenían sus acuerdos con el colegio en este momento contra la Administración y estaban tratando de que prosperararan en paz y armonía. Por lo tanto, no convenía enemistarse. Pero, es curioso, tampoco sabían nada de las elecciones "supuestamente clandestinas" a pesar de que todos están colegiados y habían mantenido reuniones con los responsables del colegio y protagonistas de la candidatura única con bastante asiduidad y en los últimos quince días.
      El resultado de todo esto es que, se ha armado un revuelo del que probablemente soy culpable. Durante unos días, la gente ha ladrado alterada por los pasillos. Pero ¿¿¿actuar??? nadie!!!
                                Nadie está dispuesto a dar el primer paso. 

Igual que salió la espuma volvió a desaparecer. 
                  Todos tenemos excusas para no hacer nada...
  • "Es que"  yo, total no me voy a presentar...
  • "Es que" a mí tampoco me importa que repitan, no lo ha hecho tan mal ...
  • "Es que" yo no quiero líos de impugnar, que luego me conocen...
  • "Es que"  ya estoy muy mayor, que si fuera joven, iban a ver estos!!!
  • "Es que" no tengo tiempo, que tengo que estudiar, cuidar a los niños, a mi madre.....
  • "Es que", "Es que", "Es que"

Veremos a ver dentro de 4 años....

        El Encanto tóxico de las enfermeras: el inmovilismo, la sumisión, ese no querer dar problemas, no dar guerra, que no se nos vea demasiado... somos profesionales gaseosa; explotamos por los pasillos, se nos va la espuma y la fuerza. Luego nos quedamos tranquilas y transparentes, calmadas.
        Aquí no ha pasado nada.
        Y a otra cosa!

lunes, 14 de septiembre de 2015

No trabajes más, que me haces de menos

     
Hace unos días decidí ponerme a dieta. Como suele ocurrir, enseguida fui consciente de las tentaciones contra las que tendría que luchar. Tras una fiesta, acabamos todo el grupo en un Kebab. Como yo no estaba dispuesta a saltarme la dieta, pedí una coca cola light y me quedé un poco apartada. Entonces se desató la polémica.
          .- Come un poco, que no te va a pasar nada
          .- total, un día es un día
          .- Pues yo no entiendo cómo, para dos días que vivimos, eliges amargártelos. Yo no podría...
        La conversación duró bastante más de lo deseable, estaba preparada porque lo esperaba, pero no pude evitarla porque no quería a esas horas, ni inventar ni esconderme ni saltarme la dieta.
            Elegí dos argumentos para defenderme.
         1.-  Yo me siento amargada cuando caigo en tentación y me siento feliz y satisfecha cuando hago lo que me parece correcto. 
         2.- ¿No tenéis otro tema de conversación que analizar el por qué me marco una meta y soy capaz de luchar por ella a pesar de que nadie me apoye en mi objetivo? 

    Aquello me recordó otras situaciones, relacionadas con mi profesión enfermera y con mi labor profesional.
   En cierta ocasión, siendo de plantilla volante, me destinaron al quirófano. El objetivo era que aprendiera y pudiera hacer las sustituciones de verano y las incidencias. Llegué con tremendas ganas, absoluta ignorancia y un miedo aterrador. Dispuesta a que no me vencieran ninguno de estos tres elementos, me concentré en ponerme al día cuanto antes.
Las consecuencias de mi conducta fueron recibir frenos como estos:
          .- Deja de trabajar tanto ya, que nos vas a dejar mal a las demás
          .- A ver si te piensas que en un mes vas a aprender lo que a mi me ha costado varios años 

     En otra ocasión, colaborando en un trabajo de investigación, me llevaba a la planta los artículos que tenía que leerme. Cuando me veían leerlos, surgía la polémica
         .- Pero ¿Qué lees? Vaya rollo!! Si no te va a servir para nada ni  te lo va a reconocer nadie!!
   Curiosamente, los comentarios solían venir de compañeros de profesión. Los médicos no se pronunciaban o se interesaban, daban su opinión e incluso se ofrecían a echarte una mano.
    Durante la elaboración de ese trabajo, cuando se pidió la colaboración de los profesionales para cumplimentar cuestionarios, era frecuente oir, de cara o por detrás, comentarios tipo 
      .- Nos tendrá que poner como autoras a nosotras también
      .- Con el trabajo que tenemos, encima otra tarea más y sin cobrar ni un duro.
   Es curioso que las mismas personas reticentes a la colaboración, sean las que luego van que vuelan cuando los cuestionarios los solicita el jefe de servicio o el facultativo con el que se llevan bien.

   Suele ser habitual que cuando alguien trabaja y se esfuerza, encuentre gente alrededor que trata de convencerle de que no lo haga. Quien te frena, suelen ser personas que te envidian porque no son capaces de hacer lo mismo, con complejo de inferioridad y miedo a quedar en evidencia. Busca apoyos, siempre hay gente dispuesta a ayudar, aunque estén menos visibles y los necesitarás para vencer tanta zancadilla. No te rindas. No será fácil, pero merece la pena.

    Cada uno elige lo que quiere y lo que está dispuesto a sacrificar. Elige tu camino y no te apartes por lo que te digan los demás.

Esta entrada destaca una conducta negativa, es frecuente y bien extendida, pero, afortunadamente, no siempre es así y muchas veces, uno encuentra apoyos y estímulos en personas del mismo colectivo.

martes, 1 de septiembre de 2015

De lo malo se aprende más: Supervisora de enfermería

          ¿Supervisora yo? Aprender de la mala experiencia ajena


   En el breve tiempo que ya llevo de supervisora, he llegado a varias conclusiones.

1ª.-  Sigo siendo el jamón del bocadillo: Siguen dándome por arriba y por abajo. Lo único que ha cambiado es que por arriba no está mi supervisora (¡qué gracia!, ahora esa, soy yo) sino la Dirección de Enfermería. Y por abajo no tengo otras categorías como auxiliares o celadores, sino a las enfermeras que ayer eran mis compañeras (y que no se me olvide, pues un día volveré a serlo)
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2º.- Por muy buena reputación que tengas, nadie te hace caso nada más llegar. Te observan cautelosos, pero sólo están estudiándote. Para ganarte a la gente, no es suficiente tenerbuena fama, necesitas ser un buen líder. Y convencer es cuestión de tiempo, paciencia, demostrar y dar ejemplo.

3º.- Esta me la enseñó mi madre, y he podido comprobar su veracidad: Hay que hacerse respetar. El respeto hay que ganárselo y solo hay dos tipos; por amor o por temor.


      Una supervisora con mucha más experiencia que yo, muy amiga mía y que me ha ayudado mucho, me contó esta historia:

          Llevaba poco tiempo como supervisora en la planta. Aún trataba de hacerme la simpática, porque tengo mucho carácter y deseaba ganarme a la gente. 
           Era una unidad de pacientes de avanzada edad y/o terminales y con profesionales de dudosa fama (incluso había trascendido a la población). 
       Mi primera impresión cuando conocí al personal de enfermería (enfermeras y auxiliares) no fue positiva. Salvo una o dos excepciones, me parecieron personas desmotivadas, negativas, vagas, quemadas y pasotas. 
          Cuando se trata de pacientes tan dependientes, ver esta actitud profesional saca lo peor de mi carácter. Las vigilé y examiné con lupa y descubrí actos deleznables, susceptibles de ser denunciados. Medicaciones que no se administraban, pacientes a los que no se movía en todo el turno, a otros no se les cambiaba el pañal en horas y otras actitudes tan malas o peores. La mala fama no era inmerecida. Me alteré de tal manera, que me propuse resolver la situación por mi misma. ¡Error!! No consulté a nadie y no se lo notifiqué a nadie. Deseaba arreglarlo yo sola y no dar más publicidad al asunto. 
          Les reuní a todas urgentemente.
     
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   Fue una reunión que no olvidaré en la vida. Yo lo llevaba todo muy bien preparado, pero caí en una trampa. El personal estaba ya muy quemado conmigo. Mi actitud examinadora no les había pasado desapercibida y había ya creado un mal ambiente, tenso y a la defensiva. No solo negaron que sucedieran los hechos de los que les acusaba, sino que fui tratada de acosadora, prepotente, déspota y agresiva. Perdí los nervios en la reunión y me alteré. Todo ello sirvió para que presentaran un escrito en mi contra ante el gerente del Hospital.
        Me vi cruelmente acusada y lo peor es que era consciente de que nadie sabía lo que sucedía en la planta, pues había sido muy discreta.
        En cuanto supieron del escrito, la Dirección me llamó al orden y lo conté todo, por suerte, tenía pruebas de algunas de las acusaciones que les hice a mi personal. Me costó reconocer mi carácter fuerte y que había perdido los estribos. Pero profesionalmente me conocían y eso obró a mi favor. Eso y que, entre el personal de la planta, también se unieron para defenderme aquellas enfermeras que yo consideraba buenas profesionales. Fue una sorpresa muy agradable, pues sabía que llevaban tiempo callando las malas conductas de sus compañeras y por no enfrentarse a ellas, yo las consideraba cómplices.
         
De todo ello, aprendí muchas cosas:
           Se debe tratar con respeto y educación a todo el mundo, independientemente de que ellos te lo muestren a ti, pues sólo así, puedes exigir para ti el mismo respeto.
          Es mejor ir con la verdad por delante. La claridad y la transparencia no solo te hacen libre, la falta de claridad es la principal causa de fracaso.


 Si quieres conseguir algo, debes ser un buen líder y comportarte como tal.

http://sobrevivirrhhe.com/2015/08/20/9-caracteristicas-del-lider-perfecto/


lunes, 31 de agosto de 2015

Azafata, camarera, secretaria...enfermera

Fuente: Think&Start

Soy enfermera de turno rotatorio en una planta de Hospital. Como acostumbro, llego unos minutos antes para que la de turno de noche pueda contarme incidencias de viva voz y marcharse a su hora. Recorro la sala en dirección al control. Soy la primera en llegar del turno de mañana  y, sin embargo, se percibe ya actividad en la sala. Por el camino me aborda un familiar.
.- Buenos días ¿Sabe a qué hora vendrán a buscar a mi padre para llevarle al quirófano?
Amablemente le informo sin necesidad de consultar, gracias a que estuve la mañana anterior y recuerdo haber leído en el parte de quirófano, que estaba su padre. Aún así, me lo apunto en la libreta para comprobarlo, no sea que se haya hecho algún cambio que me haga quedar mal.
Al llegar al control, hay otro familiar frente a la mesa.
.- Buenos días.- saludo.- ¿Necesita algo?
.- Sí, llevo un rato esperando y aquí no hay nadie. Se me han acabado los pañuelos de celulosa.
Le doy un montón sin entrar en más explicaciones.
Dejo mi bolso en el armario y busco a la enfermera. Como no me necesita, empiezo a hacer una lista de mis pacientes y a leer sus incidencias. Aprovecho para comprobar la información que dí sobre el quirófano. Por fin llega mi relevo.
.- Buenos días! Enseguida estoy contigo. Lo tenía todo controlado, pero se ha extravasado una vía y estaba cambiándola.
Por fin, se sienta...y empieza a contarme. Suena el teléfono. Lo coge una compañera para no interrumpirnos, pero nos consulta:
.- Es del quirófano. Preguntan si fulano de la habitación X tiene el preoperatorio en su historia, que no lo ven en el ordenador desde allí.
Resolvemos la duda y prosigue con el parte. Vuelve a sonar el teléfono. Lo ignoramos, pero de nuevo nos preguntan:
.- Que es de farmacia. Que no se entiende la hoja de tratamiento. Que necesitan saberlo ahora, que están preparando el carro.
Se pone mi compañera y les aclara las dudas. Vuelve a sentarse. Seguimos.
Se acerca un celador
.- Vengo a buscar a Perantanito de la habitación Y. ¿Está preparado? ¿Me dais su historia?
Resolvemos y seguimos
Se acerca un trabajador de mantenimiento.
.- ¿Habéis llamado para un grifo roto? ¿Qué pasa exactamente? ¿Dónde es?
Leemos su hoja de avería (se ve que no ha traído las gafas)
Nos escondemos en el cuartito del café. Allí podemos terminar con el relevo sin más incidencias. Por fin ella se va a descansar a su casa y yo puedo empezar:
.- Medicación, glucemias, desayunos, farmacia, pase de visita, pruebas, curas, altas, sueros, sondajes, vías, drenajes….
Y durante toda la mañana: llamadas de teléfono:
.- Que si tenéis un paciente de Hornillos, ¿no podrías mirármelo? que tengo que ir a verle y no sé ni cómo se llama.
.- Buenos días! Que tuve a mi padre ingresado ahí hace tres meses, no sé si te acuerdas de él, Perantanito de la habitación tal, que le hicísteis una biopsia y aún no sabemos nada de los resultados y estamos preocupados (le derivo a la secretaria)
.- Que soy la doctora Menganita, que si está el doctor Zutanito, que me le busques, que le necesitan en quirófano. (precisamente ahora que no tengo nada que hacer #ironía, me viene de perlas ir a buscar a un médico perdido en la sala)
.- Que si está el celador, que se ponga. (seguro que está haciendo encamados en la habitación más lejana del teléfono)
.- Hola ¿Está MariPili de turno? ¿Que no está? pues mírame la planilla y me dices cuándo puedo localizarla, anda hazme ese favor. (Este modelo de pregunta es reiterativa en todos los turnos)
.- De farmacia, que no nos queda chipendal de 0,5. Que te mando de uno y lo partes, que la pastilla está ranurada. (pues como le han prescrito un cuarto, que dé dos chupadas y me la devuelva)
.- De rayos, que habéis pedido un TAC y el volante está incompleto. (uno que piensa que rellenar volantes es función propia de enfermería)


Y cuando me paso por las habitaciones…. se acercan familiares
.- ¿El autobús a Villamuriel? ¿A qué hora sale? (Me lo sé porque me lo han preguntado ya muchas veces)
.- ¿A qué hora es la misa el domingo? (o el horario del quiosco y de la que vende los cupones a la puerta)
.- ¿Me haces una manzanilla? Que parece que ando hoy un poco revuelta (al paciente, se la haces sin rechistar y al familiar....Pero cómo vas a mandar al familiar a la cafetería ¿verdad? total, qué cuesta hacerle una manzanilla. Y se la llevas y te pide sacarina, y vuelves con la sacarina y quiere una pajita)
.- Ay, ya que estás... Tómame a mí también la tensión, que estoy un poco mareada (Justo ese familiar que nunca viene y nunca está)


Y cuando pasa el médico
.- ¿Qué temperatura tenía este paciente? ¿y tensión? (que no sé para qué registro si no lo vas a leer) y ¿le has hecho electro? (es para que te lo dé en mano, porque está en la historia)
.- Oye, ¿sabéis qué le pasa a vuestra impresora que no funciona? (apuesto que falta papel)
.- ¿Vais a tomar café? que me apunto (Eso es que no hay café hecho)



Y cuando acaba el turno.
.- Vaya mañana, qué complejo de azafata, de servicio de información, de oráculo…
.- Qué cosas dices.- afirma extrañada mi compañera.- Si ha sido de lo más tranquilo. Como siempre, ¿no?

Y va a ser que la respuesta es sí

domingo, 16 de agosto de 2015

El encanto tóxico de las enfermeras: El café

          El facultativo se acerca al control de enfermería. No se ve a nadie, pero se oye un murmullo de fondo. Seguro que están tomando café. Asoma discretamente por la puerta y saluda.
                    .- Buenos días!! ¿Listas para pasar visita? ¿Estáis tomando café? ¿me invitáis?

                    .- Buenos días Doctor.- responde cantarina la enfermera más veterana (o la supervisora).- ¿Quiere un café? Eso está hecho ¿Cómo lo quiere? ¿Caliente, frío, con leche, con azúcar, sacarina....? Yo se lo preparo en un pis_pas. Siéntese. ¿Quiere una pasta?
Sin embargo, si en la salita hay un enfermero, dirá
                    .- Por supuesto que le invitamos a café. Sírvase usted mismo. Ahí tiene de todo

      Soy enfermera volante, eventual, sustituta. Salgo y entro del hospital continuamente enlazando contratos. Voy de planta en planta donde me toca. Y puedo contaros que esta situación y otras parecidas, se repiten continuamente. Por supuesto, hay excepciones, cada vez más. Pero existir, aún existe.

      Forma parte del "encanto tóxico" femenino, muy arraigado en la enfermería, por ser una profesión,  de siempre, muy femenina. 
El encanto tóxico consiste en endulzar la vida de los demás tragándote tu toda la amargura.
      Que ¿por qué lo hacemos? probablemente porque nos enseñaron que el encanto y la sumisión tienen sus ventajas. Huimos de los enfrentamientos directos, nos proponemos transformar nuestro entorno en un sitio feliz y creemos que alcanzaremos el éxito siendo agradables, encantadoras e imprescindibles.
      El error no es tanto el hecho de ser "encantadoras" sino el no saber cuál es nuestro sitio y defenderlo. Corremos el riesgo de enviar un mensaje equivocado y que se malinterprete. ¿para qué servimos? ¿para qué estamos? porque si eres servil, la información corre como la pólvora y te pone a merced de abusones. Y acabas dedicando el tiempo en hacer cosas por los demás cuando deberías hacer las tuyas. Y la recompensa no siempre son la gratitud y el reconocimiento, sino más bien el ninguneo, la falta de respeto y el abuso.
      Hoy es el  café, pero otro día hablamos de lo que pasa en otras situaciones laborales. El encanto tóxico de la enfermera, no tiene límites.

Ponte en contacto conmigo aquí!

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