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sábado, 16 de noviembre de 2019

El Chat del curro

          Se le ha ocurrido a mi supervisora que crear un grupo de Whatsapp de la unidad nos va a venir de lujo para estar comunicadas.
   No nos pide autorización expresa, apareces incluida y ya está, todas comunicadas.
    Desde entonces, las conversaciones son para analizarlas.
      Empezamos haciendo cambios de turno entre nosotras. Pero acabó opinando la supervisora y denegando antes de que lo lleváramos a cabo. En cuanto nos dimos cuenta, volvimos al whatsapp privado y al papelito convencional. Se acabaron los problemas.
     Cogimos confianza y el chat sirvió para preguntar por las responsables de "ciertos olvidos", degenerando en poco tiempo en un.... "vamos a sacar defectos tralará..." o "soy la que más curra porque el resto pasa". Más o menos tipo....
...¡Buenas noches, acabo de llegar a mi turno y el paciente de la 18A tiene una flebitis de caballo y la vía no le va desde hace horas.....que podíais haber cambiado la vía, a quien le correspondiera...!
...¡Que digo que .... el de la 29B no tenía pasado el tratamiento...y no parece que hubiera mucho lío esta mañana, para quien le tocara !
...¡Que el de la 16C tiene oxígeno puesto y se le quitaron hace dos días, las unas por las otras, a ver... ¿Qué ha pasado? etc...
      O surge una incidencia en fin de semana y en el grupo la "super" nos lanza un aviso tipo dardo personalizado:
...Chicas, que Zutanita se ha puesto mala y no puede venir mañana domingo, a ver quién puede hacer el turno....
_____silencio total______
....¡Fulanita, la del refuerzo, que mañana vengas de mañana que te toca... 
    Así que... ni un Zutanita, que te mejores! ni un gracias a Fulanita, que es la que se va a quedar sin descanso de fin de semana, no sea que hablemos y la "super" nos haga ir a nosotras.
      Hay veces que una compañera valiente comparte algún cartel reivindicativo, que si es de enfermería o de sanidad, ni tan mal. Entonces la "super" hace algún comentario tipo... tenemos lo que nos merecemos o es que no nos tomamos en serio el trabajo.... y consigue hacerte reflexionar y preguntarte  ¿pero este comentario a qué viene? Si desde que llego al curro hasta que salgo ni a un café ni a un saludo me da tiempo, si es que vuelvo a casa fundida, cómo me voy a tomar en serio nada y ¿a qué se refiere con que nos lo merecemos? pero no te atreves a escribirlo porque la preparas. 
      Peor aún si son chascarrillos políticos o chistes malos lo que circula en el chat. La cosa puede liarse y estar hasta las tantas de discusión activa. Que si "ni te va ni te viene", pasas, pero es que cuando vuelves a mirar el mensaje son doscientos y pico los que tienes que leer si quieres ponerte al día. 
    ¿Que pase de leerlos? 
   De eso ni hablar, porque entre los cientos o trescientos, igual han quedado para hacer un pedido de colonias y maquillajes por internet. Que salen más baratos los pedidos conjuntos y me quedo sin ello.

      A ver, que también pasamos información profesional. Compartimos cursos online gratuitos, un congreso, unas jornadas, notas de prensa o boletines con información sobre carrera profesional, bolsa de empleo, etc... de sindicatos o boletines oficiales, que nos da lo mismo. Con lo fácil que es hacer una foto y pasarla. Nos hemos vuelto muy tecnológicas para depende qué cosas. 

    El caso es que somos muchas, y cualquier movimiento, genera muchas respuestas (salvo las propuestas de la "super" de sustituir a alguien o ir a reforzar en fin de semana o festivo y en tu día de descanso, que podían contratar, que en bolsa siempre hay gente en paro)
      Reconozco que incluso preguntamos por cotilleos, las más osadas, tipo... dicen que la "super" de la sexta lo deja, ¿sabéis algo? y ¿a quién van a poner? 

Total, que cada vez que se mueve ese chat, todas temblamos. Y que desde que la "super" lo creó, la comunicación entre nosotras es más y mejor, que es muy divertido comentar lo que se dice en el chat del trabajo. 

Conclusión, yo que nunca fui de leer demasiado, ahora no me parece tanto ni "El Quijote" de Cervantes, ni "Los Miserables" de Victor Hugo ni "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust. Y que como me desconecte del teléfono, no me da la vida para ponerme al día con tanto mensaje en tanto chat. 
Y luego dicen que no hay que hacer caso al teléfono!
!Pues se me acumula la faena! 



jueves, 31 de octubre de 2019

La URPA desde la cama

     
Soy enfermera y ayer me operaron. Era una intervención fácil, sin importancia, pero tuve que pasar más de medio día en el hospital y la anestesia fue raquídea (un pinchazo en la columna y dormida de cintura para abajo).
      Todos los sanitarios deberíamos pasar por el papel de paciente de vez en cuando. Lo que se ve y se oye desde la cama, no es lo que esperamos.

      Llegué a las 8 de la mañana tal y como me ordenaron (cuando quiero, puedo ser una paciente ejemplar 😃). Me recibió una TCAE (auxiliar) que me reconoció del gremio y empezaron a tratarme con mimo.
     Ingresé en la URPA (Unidad de Recuperación PostAnestésica) aunque mi intervención era de CMA (Cirugía Mayor Ambulatoria que significa que llegas, te operan, te recuperas enseguida y te vas a tu casa antes que acabe el día).
      El camisón que me entregaron era transparente y abierto por detrás, el tejido pasado, tan fino que parecía que se iba a desintegrar de un momento a otro. Los velcros descosidos molestaban  y eran totalmente inútiles. ¿Por favor! ¡¡Hace falta tirar ropa vieja y comprar camisones nuevos ya!!.
     La angustia de estar entre extraños y sin hacer nada hasta que te llega el turno. El coco da para imaginar muchas cosas. En mi caso, la ventaja de que la enfermera que se hizo cargo de mi, se portó como un auténtico ángel (cariñosa, educada, atenta y sobre todo, muy profesional).
     Fui operada y pasé cinco largas horas en aquella sala de reanimación esperando a cumplir los criterios de alta: hacer pipí, tolerar alimento y sostenerme en pie, a(demás de no dolor, no sangrado, etc...pero esto último las enfermeras lo llevan a rajatabla, los tres primeros dependen más de nosotr@s los pacientes)
      Durante esas 5 horas apenas dormí.

      La URPA es una sala donde conviven hasta 12 pacientes encamados en dos hileras enfrentadas y 4 sillones laterales al fondo (un poco más apartaditos).
      Las enfermeras y los profesionales sanitarios van y vienen por la sala. Tienen mesas con los papeles de cada paciente a pie de cada cama y en el centro de la sala, donde están los teléfonos y ordenadores. 
     Es inevitable oir todo lo que allí se habla. Aunque no quieras. Incluso las conversaciones telefónicas. 
      Te enteras de las incidencias que tiene el paciente de al lado e incluso el de la otra esquina. Asistes como espectador privilegiado si suena una alarma y se desencadena alguna situación de riesgo o si entre profesionales hay algún conflicto.

      Uno está en la cama solo, aburrido, tratando de dormir, intentando abstraerse de todo, pero es imposible no ver ni oir. Somos curiosos por naturaleza y nuestro cerebro se empeña en enterarse de todo lo que sucede alrededor.
      Como profesionales no somos conscientes de lo atentos que pueden estar los pacientes, de lo presentes que están.

      Pues bien, esto fue lo que yo viví o mi mente interpretó.

   En toda la mañana las enfermeras no pararon. Por allí desfilaron hasta 20 pacientes de diversa gravedad y con muy diferentes necesidades. Todo el mundo estuvo muy ocupado y la sensación era de profesionales que sabían muy bien lo que hacían.
         Hubo un paciente cuyo monitor avisaba de peligro y al que rápidamente y todos a una lograron estabilizar. 
       Por allí pasó una niña terriblemente asustada a la que intentaron calmar y entretener con muy poco éxito y que nos amenizó durante más de media hora con fuertes alaridos y llantos (recién operada de la garganta)
        Fui testigo de una escena que protagonizó una enfermera indignada porque le habían notificado un cambio de turno. Voces, llanto y reproches en alto. Todo incluido.
 Escuché varios comentarios insistentes, ofensivos y duramente críticos referidos al supervisor del servicio (que resulta que lleva muy pocos meses) por parte de otra enfermera. En alto cuestionaba su autoridad y le acusaba de no pasar por allí, (aunque yo misma le vi entrar durante la mañana al menos en 5 ocasiones a hacer algo).
     Amenizó la mañana una anestesista enfadada con la vida que no conocía más forma de relacionarse con los demás que el tono de desafío y desconfianza. Y que, cada vez que aparecía, lograba que la tensión se cortara con un cuchillo.
      Como yo estaba infiltrada como paciente, mis vecinas de cama comentaban conmigo estas cosillas. Con algunos comentarios, comprobé que veían lo mismo que yo. Confieso que por ello, pasé vergüenza.

     En fin. pequeños detalles que ensombrecieron el enorme esfuerzo que estos profesionales hacen para poder mantener unos niveles de atención de calidad a pesar de una sobrecarga laboral evidente. Detalles que deberían cuidar por el terrible daño que luego hacen a su imagen social y de la  que luego nos quejamos porque consideramos injusta.
¡Porque luego te enteras de que los pacientes te oían y te veían cuando te cuentan la historia en la peluquería o en el supermercado!.

Y hasta aquí lo que contaría a todo el mundo. 

Ahora, me dirijo a l@s enfermer@s porque soy una de ellas y seguro que alguna vez he caído en el mismo error.
¿Por qué nos atacamos un@s a otr@s? 
¿Por qué ese afán de cortar la cabeza del que tiene ambición, ilusión, ganas  y sobresale? 
¿Por qué malgastamos el tiempo en criticarnos entre nosotr@s? 
¿Por qué nos cuesta tanto apoyarnos un@s a otr@s?

Nos preocupamos de dar la mejor atención. 
¿por qué no cuidamos también la imagen?

Somos los profesionales más numerosos
Podríamos mejorarlo todo
Si nos uniéramos
Si nos sintiéramos orgullosos de lo que somos....
Si nos ayudáramos entre nosotros .....
¡¡¡¡SERÍAMOS PODEROS@S!!!
¿Y POR QUÉ NO?




sábado, 4 de agosto de 2018

Ser bella

Hay que ser bella pero ¿qué es ser bella?
Por cada individuo preguntado obtendrás una opinión distinta. Todos dirán cosas parecidas pero cada uno tiene en realidad, una opinión diferente.
Entonces, ¿cómo puedo ser bella?
Debes serlo según tu propio criterio. 
Te dirán ¡Sé tú misma! y ¿cuál es el significado de ser una misma?
Obsérvate en el espejo. ¿Qué te gusta de ti? ¿Cómo quieres ser? Olvida por un momento a los demás para contestarte a esas preguntas. 
Será un camino difícil y tienes que estar segura de querer recorrerlo. Si tomas la decisión, debes estar convencida y llegar al final. Recorrer solo un tramo desgasta y se pierde lo trabajado si no se completa. Sí, es cierto, en el camino aprenderás muchas cosas. Aunque no llegues al final, ganarás experiencia. Pero el premio, lo mejor, está cuando completas y alcanzas tu objetivo.
Y ¿cuál es el objetivo? El final. Las ganas de autofelicitarte por haber llegado. Sentirte bien contigo misma sin que te importe la opinión de los demás. 
Habrá siempre a quien gustes y a quien no. Quien te alabe y quien te critique... Pero si tu te aprecias, te quieres, te gustas, estás cómoda y satisfecha contigo... serás feliz.

La persona que queremos ser 
es más importante 
que las cosas que creemos que queremos conseguir.

sábado, 14 de julio de 2018

Mi primera intervención: amputación

      
      
 Después de varios días como enfermera circulante, rellenando hojas y hojas de mi libreta con toda la información a memorizar, hoy me estreno como ayudante de la instrumentista. La intervención, una amputación de miembro inferior. Mi labor, sujetar la pierna enferma . Estoy nerviosa. Antes que nada, preparo el cubo en el que debo desechar el miembro lo más cerca posible de donde voy a estar. Ya me han advertido con un "tranquila, no tienes que hacer nada difícil, lo más desagradable será cuando te quedes con la pierna amputada en las manos. Ponla en el cubo correspondiente y todo habrá pasado" Me aterra el papel que me toca, pero es momento de demostrar valentía y profesionalidad. 
      Me lavo concienzudamente imitando a la primera instrumentista. Una vez en el quirófano, la ayudo a preparar el material mientras voy memorizando el nombre de cada instrumento quirúrgico, forma, características, función y lugar en la mesa. Me asombra que no haya más que una sierra de pelo (sierra de Gigli) discreta, fina, plateada y brillante, aparentemente amable para lo que estamos a punto de hacer. 
        Se ve que tengo más experiencia filmográfica que profesional. Cuando llega el paciente y lo anestesian, colaboro en la preparación del campo. Pongo mucha atención en el proceso, capa por capa, cómo lo hacen y los instrumentos que usan. Cómo los solicitan y la manera en que la instrumentista se los entrega y prepara. Es cuando llegamos a capas más profundas cuando entro en escena y me piden que sujete la pierna. Horrorosa la sensación cuando se va despegando poco a poco del cuerpo hasta que queda el fémur completamente limpio. Entonces entra en escena la sierra de pelo. Supongo que no transcurre mucho tiempo, pero la sensación es inolvidable por lo desagradable. La pierna adquiere vida propia. Vibra y tiene tendencia a irse para los lados. Tengo que emplearme a fondo en sujetarla casi en el aire para no molestar al cirujano. Me planteo volver al gimnasio. 
     Por fin terminan y toda su atención se centra ahora en arreglar la herida y recomponer un buen muñón que de al paciente los mínimos problemas. Y ahí estoy yo, con la pierna suelta y libre en las manos. Sosteniéndola en alto con cuidado de no tocar nada. Buscando desesperadamente el cubo en el que tengo que depositarla y que misteriosamente ha desaparecido. Miro aterrada alrededor y  oigo risitas ahogadas. Ahora entiendo.

martes, 10 de abril de 2018

Supervisora con superpoderes

 
 Esta temporada me toca hacer de supervisora de tres plantas durante unos días. Cruzo los dedos.
Me vale de poco....
   Me llaman porque una enfermera se ha sentido indispuesta trabajando. El turno empezó a las 8 y son las 10. Me acerco a la planta.
   Efectivamente. la enfermera está vomitando, pálida, ojerosa y mareada. Le ofrezco ir a urgencias para que le echen un vistazo. Voy con ella. Le ponen un suero y tratamiento. La dejo en observación. Evidentemente, no puede trabajar, al menos hoy. No quiere que avise a nadie de su familia y lo respeto. Me aseguro de que está bien y tranquila y regreso rápidamente a la planta a ver cómo resuelvo que en plantilla falta una y están hasta arriba de trabajo. 
   Están atascadas. Echo una primera mano y luego voy a comprobar en carteleras si puedo llamar a alguien que esté descansando. Es una faena. Se me pone mal cuerpo sólo pensarlo. Miro en las planillas del hospital y no tengo suerte. No hay nadie de refuerzo a mayores de la que echar mano y que ya esté en el hospital. Tampoco me gusta sacar personal de otros servicios donde pudieran estar hoy más relajadas. Crea mal ambiente y es injusto, pero no me queda más remedio a estas horas. Llamar a alguien de fuera no resuelve la situación de la planta aunque me quede yo a ayudar mientras llega, y no puedo hacerlo porque hay otra incidencia esta tarde y tengo que resolverla antes de las tres. No quiero dejar el marrón a la supervisora que esté de guardia. 
   En pediatría hay pocos niños. Me acerco por allí y planteo el caso. No les hace ninguna gracia y lo entiendo. Tienen claro a quién le toca ir a suplir.
   Una vez resuelto el problema de la planta me voy a Dirección. 
 
Estoy esperando la baja por enfermedad de otra trabajadora para sustituirla en cuanto llegue el documento y la autorización. Cuando llego al despacho ya han recibido el fax con el parte médico, así que insisto a la Directora de enfermería para que me autoricen la sustitución. 
   ¡Conseguido!, Rápida y veloz como el rayo me lanzo derechita al Servicio de Personal, a la mesa de contratación. Podría dejarlo todo en manos de la burocracia, pero es mucho riesgo. Allí ya han recibido instrucciones y han empezado a llamar. Aún sin resultados. Estoy cruzando los dedos de las manos y de los pies. Estamos casi terminando el verano y no hay enfermeras disponibles. Dudo si hacer un conjuro... Vuelvo a urgencias a ver a nuestra compañera indispuesta. Se encuentra mejor, pero como ya he cubierto su ausencia, le ofrezco que se vaya a casa y descanse. Una hora después recibo un aviso de Dirección; han encontrado sustituta, les pido su nombre y su teléfono y la llamo inmediatamente. No puedo dejar a estas alturas que las cosas se resuelvan por su propio cauce. Si quiero soluciones, tengo que intervenir. Enseguida me coge el teléfono.
.- Necesito que me des el día, me suelta a bocajarro. Estoy en otra ciudad y tengo problemas para encontrar transporte. Me incorporo mañana.
.- Nooooooo, respondo desesperada. No tengo a nadie para hacer la tarde y no puedo dejar una sola enfermera con el trabajo que hay. Urge contratar a alguien para esta tarde sin falta. No puedo darte el día ¿dónde estás?
.- A 200 km
.- Bueno, no es mucho, son las 11:30. Intenta resolverlo o te van a penalizar en bolsa
.- Por eso necesito que me des el día, para que no me penalicen, por si no puedo ir
.- Imposible, has aceptado el contrato, y yo he quemado todas las posibilidades de resolver la tarde de hoy con mi gente. Tu eres la única alternativa. No te puedo dar el día, ¡necesito que vengas hoy!.
.- Lo intentaré, pero no te prometo nada
     Qué mañana más intranquilizadora! Me la paso de aquí para allá, apagando fuegos. Apenas me da tiempo a ver a mi gente en mi planta. ¡Las tengo abandonadas! Y esa sensación de que me van a dejar sin resolver..... Por dos veces intento localizar a la enfermera que está a 200 km  y no doy con ella. No se si cruzar más dedos o trenzarlos directamente.
    A las 3 menos cuarto voy a la planta. Les cuento cómo está la situación. Hay una enfermera interina que se ofrece a quedarse si por la tarde no hay sustituta. Resulta muy tranquilizador, aunque tremendamente injusto, pero le tomo la palabra porque si no se presenta la nueva enfermera, no me van a quedar recursos a los que echar mano.
   Las 3 y diez y por fin me coge el teléfono. Respiro, porque pienso que si va a a llegar un poco más tarde, yo puedo cubrir personalmente ese tiempo. Pero no. 
.- Necesito que me des el día, hasta mañana no voy a poder ir.
.- Y ¿hasta ahora no has podido avisarme? pregunto, ya enfadada
.- He intentado localizarte varias veces
.- Y si no me localizaste, ¿no se te ocurrió llamar a la mesa de contratación, a la Dirección de Enfermería, no sé, a alguien?
.- Pues no,

 No me queda más remedio que pedirle a la interina de planta que se quede. Y merece a mi juicio una compensación.
   Sin embargo,
                             .- la interina que te resuelve la papeleta, pocas veces obtiene un premio a la altura del esfuerzo realizado (14 horas seguidas en una planta de hospitalización no lo aguanta cualquiera).
                             .- la enfermera que tuvo que abandonar su planta y sus pacientes habituales en medio de su turno para cubrir una incidencia, tampoco recibirá compensación alguna.
                             .- Mi turno de hoy terminará con el trabajo bien hecho gracias a algunos y a pesar de otros, sin embargo, mi reputación se verá seriamente dañada
   Procuro acostarme pensando que hago lo que puedo lo mejor que puedo, pero a veces es difícil

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