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jueves, 10 de noviembre de 2011

Enfermera en un Psiquiátrico: Unidad de Rehabilitación

          Me ofrecieron un contrato largo y era un centro privado (no me iba a valer como puntos para opes y bolsas), pero se comentaba que era estable y solían hacerte fijo, así que acepté.

Mujer pensante
Dibulo a carboncillo
           Tuve contacto con salud mental durante mis prácticas y no era una especialidad que me gustara. Dudaba de mi capacidad de adaptación, pero otros motivos inclinaban la balanza. Como profesional capacitado para cualquier cosa, allí acudí.


      Era un hospital antiguo que siempre había sido un psiquiátrico de mujeres. Hacía poco que era Complejo Hospitalario, para mujeres y hombres, pero por ahora, solo las  unidades de agudos y la Infanto-Juvenil eran mixtas.


      Durante aquellos años roté por varios pabellones y viví experiencias únicas. Hoy os hablaré de mi paso por la Unidad de Rehabilitación.



El objetivo principal de esta Unidad era integrar a las pacientes en la vida normal en la ciudad. Para ello se montaron pisos para 4 ó 5 pacientes, la mayoría psicóticas crónicas y con edades que superaban los 45 años. Para juntarlas, se tenían en cuenta criterios de enfermedad, grado de autonomía, relación entre ellas, carácter...


      Primero, en el hospital, les enseñábamos a cocinar, comprar, usar la lavadora, el teléfono, la aspiradora, el ascensor, el autobús, el taxi, a comportarse en la calle, etc... (algunas de estas pacientes no habían vivido en sociedad o no recordaban haber vivido nunca fuera del ámbito hospitalario pues desde niñas fueron ingresadas en el psiquiátrico) Enseñarles, a veces era como cuando jugábamos de pequeñas a ser mamás.

      Trabajaban por la mañana en el hospital en Terapia Ocupacional (cosían, lavaban, planchaban, por una asignación económica). Comían en la casa compartida, el menú que se hacían ellas mismas y por la tarde paseaban juntas o iban a algún evento local; teatro, conciertos, cine... que se les proponía desde el hospital.

        Todas las mañanas venían a visitarme y me contaban cómo estaban y lo que hacían. Si tenían alguna dificultad o incidencia, si era necesario, yo se lo comunicaba al psiquiatra responsable, aunque ellas también podían hablar con su médico en cualquier momento. Pero se establecía entre nosotras una relación muy íntima. A veces parecía su madre, a veces su profesora, a veces su confidente. Compartían conmigo una experiencia y unos sentimientos que eran muy importantes para ellas. A pesar de ser mucho mayores que yo, confiaban en mi. Querían ser independientes, vivir por sí mismas. Y yo estaba allí para ayudarles a hacer ese sueño posible.


      Una vez a la semana, una auxiliar de enfermería y yo acudíamos al piso. Mi compañera iba con ellas al mercado y hacían juntas la compra de la semana. Planificaban los menús y calculaban cantidades. Organizaban la nevera y se comprobaba que todo en el piso estuviera en orden y funcionando.

      Les llevaba la medicación de la semana. Me aseguraba que hubieran ido tomando la que les dejé la semana anterior y me cercioraba de que entendían cómo, cuándo y por qué debían seguir el tratamiento.


      Luego nos sentábamos todas juntas y planificábamos las tardes, hablábamos simplemente y resolvíamos pequeños conflictos que hubieran tenido. Cada 15 días tenían una reunión en el hospital con el psicólogo donde luego todos estos roces salían a relucir.


      También había asignado a la Unidad, un Trabajador Social que resolvía otros aspectos para que nada quedara sin controlar.


      Cuando alguna, por algún motivo, debía reingresar en el Centro por una temporada, era doloroso para todas. La despedida, echarse de menos, el miedo a perder la libertad y autonomías recién estrenadas. Ante el resto de internas, eran unas privilegiadas, se sentían importantes.


      Fue una experiencia maravillosa, donde la relación, aunque profesional, se hizo más profunda y sincera en algunos casos. Me sentí útil y noté en mis pacientes un agradecimiento sincero. Me sentí reconocida como persona y como profesional. Trabajaba, por primera vez, como parte de un verdadero equipo multidisciplinar.

      Incluso tuve ocasión de participar en un proyecto para presentar un póster "P.A.E. en pacientes psicóticos crónicos" en el Congreso Internacional sobre "Las Psicosis" en 1997 (mi primer poster científico) y escribir un pequeño libro divulgativo sobre fármacos en psiquiatría dirigido a pacientes y sus familias que adjunto para que os descarguéis y le echéis un vistazo. Se titula "Las Medicinas de la Mente" y os recuerdo que se editó en 1999.

"Siempre hay que enfrentarse a las situaciones nuevas para aprovechar oportunidades, aprender lo posible y sacar balance positivo".




TE PUEDE INTERESAR:

Unidades de Rehabilitación de Salud Mental. RehabilitaciónSaludMental. Guía Básica de Funcionamiento. Febrero 2011
MUNOZ GARCIA, Juan Jesús et al. Rehabilitación psiquiátrica en un hospital de cuidados psiquiátricos prolongados. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. [online]. 2011, vol.31, n.4 [citado 2015-04-02], pp. 615-629 . 

5 comentarios:

Azucena Santillán dijo...

Enhorabuene Sonia por lanzarte a la piscina y decidirte a dar mas visibilidad a tu trabajo. Esto es lo que nos hace falta en España. Si l@s enfermer@s de raza publican sus vivencias y sus reflexiones, estoy segura de que tenemos a la población de nuestro lado porque entenderán lo importante que es la enfermería para su bienestar.
Un abrazo!

PD- Yo también trabajé en psiquiatria :-)

Sonia dijo...

Muchas gracias Azucena. Tu opinión significa mucho para mi. Sigo tu trabajo, tu página y tu fanpage. Te he visto en las últimas jornadas de investigación en Burgos. Muchas gracias.

Inés Bajo dijo...

Hola Sonia. Yo trabajo en un Centro de Salud Mental y he trabajado en una unidad de "agudos" (porque de agudo poco, la verdad)

Gracias por el libro.

Es muy importante dar visibilidad a la salud mental, una de las grandes olvidadas.

Gracias por compartir tu experiencia.

Esther dijo...

Yo te agradezco que nos acerques estas cosas tan desconocidas a las enfermeras que hacemos la calle.
Mi experiencia con pacientes psiquiátricos es bastante corta y se resume en pacientes agitados (normalmente por falta de adhesión al tratamiento) que nos tenemos que llevar casi a la fuerza para el ingreso en el hospital. NO es muy agradable, la verdad.

Gracias y ánimo con el blog!

Sonia dijo...

Muchas gracias Inés y muchas gracias Esther por compartir vuestra opinión y haceros también visibles para mi. Estoy de acuerdo, salud mental es la "especialidad" menos visible y no se reduce solo a experiencias desagradables de brotes agudos. Es mucho más y en posteriores entradas intentaré contarlo.
Un abrazo
Sonia

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