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domingo, 1 de junio de 2014

¿Miedo en el trabajo?


Raúl:
Siempre, desde las prácticas, amé esta profesión y me encantó ir a trabajar.
Durante unos años trabajé en una unidad de agudos de psiquiatría. Una temporada tuvimos un paciente con falta de autocontrol y altos niveles de agresividad. Había que tratarle con mucho cuidado porque cualquier cosa le alteraba y dirigía su ira contra el sanitario más cercano. Tuve que aprender defensa personal y pasé miedo. Me costaba ir a trabajar. Tenía ganas de acabar el turno. Deseaba con todas mis fuerzas que el paciente fuera sedado o que el tratamiento le hiciera efecto pronto y se tranquilizara.
Soy un profesional con responsabilidad y afronté mi tarea como mejor pude sin faltar a mis obligaciones. Como enfermero, estoy siempre cerca de mis pacientes. Me preocupo por ellos, no sólo por su patología, también me interesan otras necesidades que puedan tener. Por eso, necesito tener un contacto directo. Conocer a mis pacientes, hablar con ellos, establecer contacto físico y visual. Sólo así podré valorar, planificar, atender ,evaluar y cuidar de la mejor de las formas.Pero cuando le trataba, tenía miedo, sentía terror. Incluso en casa, por la noche, tenía pesadillas.


Vicky:
Yo también soy enfermera. No he trabajado en psiquiatría, sino en neurología. Alguna vez viví algo parecido.
En cierta ocasión ingresaron a un chico que había sufrido un accidente de tráfico. Los primeros días fueron muy duros. Yo estaba de noche y el muchacho estaba muy agitado. Por lo visto, durante el día estaba tranquilo. Yo creo que tenía el sueño cambiado y dormía durante el día. Hubo que colocarle contención mecánica más de una noche, porque nos intentaba agredir a nosotros y a su madre. A veces gritaba insultos y palabrotas que se oían en toda la planta. Con aquella voz grave, cargada de ira, tales tacos y amenazas, a las 3 de la mañana y en una planta en silencio, el efecto era nefasto. Recuerdo que, cuando tenía que ir a aquella habitación, y enfrentarme a mi paciente, y a su madre, se me erizaba el vello de la nuca, se me aceleraba el corazón, y debía sacar valor de donde podía.
Cuando él gritaba, sonaban timbres de todas las habitaciones. Los demás pacientes no entendían, también tenían miedo como yo y yo tenía que tranquilizarles. Había que llamar al médico de guardia y explicarle la situación. “O trasladaban al paciente a un lugar más adecuado, o había que medicarle”. El médico de guardia se veía obligado a sedar al paciente. Otras veces no, como no vivía la situación en su persona, algún médico me dijo que no consideraba que debiera añadir al tratamiento nada y allí nos dejaba, al resto de los pacientes, a los sanitarios y a la madre del chico aterrorizados y sin saber qué hacer. Y el paciente sufriendo. Menos mal que aquello no duró mucho. Pero recuerdo claramente el miedo que sentí aquellos días.


Ana:
Yo trabajo en una consulta y no hace mucho, una paciente se puso agresiva. Era una mujer de unos 50 años. Llevaba tiempo esperando a que le tocara el turno de consulta. Cada vez estaba más nerviosa y preguntaba cuándo la tocaría a ella.
Yo me ocupé en averiguarlo, a pesar de que mi consulta de enfermería es independiente de la del médico y ella tenía cíta para el facultativo. Y procuré explicárselo amablemente, aunque era difícil porque su conducta era prepotente y subida de tono. Su médico llevaba mucho retraso porque había tenido varias incidencias. Entre otros motivos, tenía asignada media consulta a mayores de otro compañero que no había ido a trabajar por encontrarse enfermo.
En determinado momento salí a la sala de espera y creo que me tocó porque fui yo quien salí. Se abalanzó sobre mí, me insultó delante de todos, me llamó de todo. Creí que me pegaría. Menos mal que otros pacientes actuaron de mediadores y trataron de tranquilizarle. Acabamos en denuncia. Prosperó y me dieron la razón. Pero eso es casi lo de menos. El susto te lo llevas. Y no se te pasa tan fácil. A veces hay situaciones que me lo recuerdan.


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Hace muy poco un suceso ha hecho temblar a todos los sanitarios en Palencia. Una psicóloga del Centro de San Juan de Dios muere apuñalada brutalmente por una paciente. Los datos del suceso son estremecedores. Aquí un enlace a la noticia.


En estos casos, como sanitario, uno escucha muchos comentarios... pero
¿En algunos servicios está sobreentendido el riesgo?  (prisiones, unidades de custodia, psiquiatría, urgencias…)
¿Debe asumirse este riesgo según el tipo o centro de trabajo?
¿Qué piensan las familias de los sanitarios?
¿Se notifican todas las situaciones de agresión?
¿Sabemos reaccionar para evitarlas?




¿Son hechos aislados? Aparecemos en las noticias muchas veces


2 comentarios:

Victor Mom dijo...

Hola,
Yo al principio me ponía más en tensión, miedo la verdad que no he tenido, hasta un miembro del comité de empresa de una conocida empresa de electrónica nos amenazó con pegarnos fuego a todos dentro....pero por allí pierden la fuerza.
Además saber que la póliza del colegio incluyen agresiones verbales o físicas....xD
No es la primera vez que tengo a uno de estos a un dedo de mos oídos llamándome de todo y yo sin inmutarme....como si no fuese conmigo. Por aburrimiento suelen ceder.

Sonia Palencia dijo...

Gracias por comentar, Victor
Disculpa mi tardanza en responderte.
Debiste pasar un mal rato. Aunque resistir sin inmutarse es un recurso útil, puedes conseguir con igual probabilidad, o que ceda o que se crispe aún más. No sabría decirte cuál es la fórmula mágica para salir airoso de las situaciones así. Respirar primero, que se nos olvida enseguida. Y luego, como tu dices, procurar que te afecte lo menos posible y actuar con tranquilidad.
Un abrazo

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