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martes, 28 de febrero de 2017

Control, control!!!

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.
Carl Jung.


Control, control, control... 

      Suena el despertador!!! Es la hora!!!
                                  Desperézate, levántate, organiza!!!
      Concilia vida personal y laboral
      Niños, casa, lavadora, (tengo que llamar a mi madre!, que no se me olvide hacer la compra! Ah, también ir a la farmacia y a por botones!
                                    Que no se me olvide el pan!
                                                                              El coche está escaso de gasolina!
                  Tengo que revisar la agenda (ya no me acuerdo si el lunes tenía reunión de la comunidad o cita con el médico)
                 No lo pienso más y voy al trabajo. Allí también tengo que tener organizado hasta el último detalle.      No me doy tregua, cuando llego al curro recuerdo que ya se me ha pasado aquel encargo…y es que no puedo dejar nada al azar.

    Tengo siempre esa sensación de que nadie como yo mismo sabe lo que es tener que afrontar el día a día. Analizando todos y cada uno de los detalles que debo programar antes de llegar al trabajo. Un momento!!! Frena!! En el trabajo estoy obligado a hacer lo mismo!!! Si no, no sobreviviría un minuto.

      Probablemente, todos tenemos esta sensación. Os cuento esto porque el otro día un amigo/a me comentó  “…no puedo soportarlo más, tengo que controlarlo todo a todas horas”, a lo que yo le contesté  “…pues no lo hagas, deja que fluya algo por sí sólo.” Respuesta “…sabes cuál es mi trabajo, si me dejo fluir, si no lo controlo todo,  alguien podría desangrarse hasta la momificación”.

      No es para tomárselo a risa, sabemos lo que nos jugamos. El problema es que cuando queremos desconectar, no hay manera y pasamos a desarrollar un cansancio provocado por nosotros mismos, no sólo por las situaciones que vivimos, léase estrés, preocupación… un cansancio físico y mental que se va acumulando. Que nos impide concentrarnos en lo que hacemos. Sin darnos cuenta empezamos a funcionar maquinalmente y es en ese momento en el que aumenta el riesgo de cometer fallos.
Es necesario renovarse poco a poco. Regalarse pequeños momentos de relax. Tratarnos con más respeto, con delicadeza y educación. Dejar de intentar ser perfectos. No nos quebrantemos continuamente. A pesar de tener que ejercer ese férreo control ,necesario en el contexto que se desarrolla nuestra labor, cada minuto que tengamos de descanso hay que aprender a aprovecharlo al máximo. Si es en forma de un pequeño café, una bebida refrescante, una charla insustancial, un vacío mental…vivirlo como lo que debe ser. Un respiro, una bocanada de aire fresco. 
      Cada cual que busque su fórmula, la que mejor le funcione, pero que la aplique.



             .- Procura hablarte con cariño (tendemos a sacarnos defectos y a echarnos en cara los errores. Seguro que algo hemos hecho bien, céntrate en ello)
                 .- Date permiso para..... Aprende a perdonarte
               .- Sonríe, pero sobre todo, ríete siempre que puedas (reirse a carcajadas y con ganas tiene un poder regenerador incuestionable)
               .- Estírate (por la mañana, a medio día, por la noche... te llevará poco tiempo, pero no te olvides de hacerlo a diario)
             .- Escucha música y baila (aunque sean dos minutos, cuando no te vea nadie, incluso en el coche, bota un rato al ritmo...)
               .- Si algo te hace sentir bien, hazlo con frecuencia

¿Se te ocurre alguna otra idea para compartir?

Este artículo está escrito en colaboración con Vacceo

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